La ventana
Luis Carlos Peris
La lluvia era puro llanto
Veintiocho años ya, qué barbaridad, qué de cosas han pasado desde aquella noche de enero en que el camino a casa fue una especie de calle de la Amargura para un joven matrimonio que iba al encuentro de sus pequeños, que dormían ajenos a la gran catarsis de sus vidas. Veintiocho años ya de que nos quedásemos sin Alberto y sin Ascen por culpa de esa gente que ahora anda manejando nuestros destinos de forma vergonzante tras cerca de mil asesinatos. Aquella madrugada infame hizo que se le pararan los pulsos a Sevilla mientras el dios de la lluvia lloraba mansamente sobre sus calles. Y lo que no sé es qué pensará Alberto desde el más allá viendo cómo sus asesinos gobiernan en muchos puntos del País Vasco, ayudan a gobernarnos a todos desde la Moncloa y cómo sus presos gozan de más bendiciones que nunca. Veintiocho años ya, qué espanto, quién iba a pensarlo aquel día de lluvia y lágrimas inconsolables.
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