Tribuna Económica

Joaquín Aurioles

Los límites de las ideologías

17 de agosto 2023 - 01:00

No hay fundamento ideológico alguno en el poliédrico acuerdo sobre el que pretende levantarse la investidura de Sánchez. Tampoco en el que intenta apoyarse el PP para la de Feijóo, aunque desde luego es bastante más sencillo porque las aristas ideológicas son menores y deberían ser menos dolorosas de encajar. El ambiente que se respira, sin embargo, indica que el primero lo tiene más fácil, lo que significa que la ideología tiene poco que ver con lo que se negocia y que eso de la mayoría social de progreso es puro cuento. No son aristas ideológicas las que intentan encajar los negociadores, sino intereses políticos vinculados al ejercicio del poder y sus prebendas y lo que se aprecia en este negocio es que los límites éticos que imponen las ideologías son más flexibles para la izquierda que para la derecha.

Las ideologías transforman el pensamiento individual en un sistema de ideas estructuradas en torno a una concepción de la realidad, normalmente con la finalidad de transformarla. Los “ideologistas” fueron una especie de corriente filosófica nacida en Francia en el siglo XVIII interesada en el estudio de las ideas que subyacen tras las convicciones individuales. Cuando una persona intercambia su razón por ideología también está cediendo subjetivismo a cambio de colectivismo y el motor de este comportamiento es la voluntad de transformación social. Era el planteamiento original, pero la evolución fue tan acalorada que acabaron provocando que las ideologías terminasen por prevalecer sobre, y por tanto condicionar, el propio estudio científico de las ideas. En otras palabras, que el objeto no tardó en pasar a dominar el enfoque y el término ideología pasó a confundirse con el propio sistema de ideas (Eagleton, 1997).

Absurda evolución, en apariencia, pero la realidad es que existe un cierto trasfondo de racionalidad. El individuo, consciente de su insignificancia para contribuir a la transformación social cuando permanece aislado, acepta unirse a otros que apuntan hacia utopías semejantes determinadas por circunstancias diversas, como el entorno social y familiar o el momento histórico. Cuando entre las convicciones individuales y las dominantes en el grupo surge el conflicto, la ideología corre el riesgo de debilitarse y aparece la función de la doctrina, el adoctrinamiento. La ideología acaba por transformarse en un conjunto cerrado de ideas que proporcionan una interpretación de la realidad, aunque para ello haya que retorcerla hasta encajarla en el molde doctrinal preconfigurado.

La negociación para la mayoría de investidura avanza cuando las aristas ideológicas en conflicto lo permiten y se atascan cuando no hay forma de hacerlas encajar. Se supone que el límite lo impone la ética y hay que insistir en que las restricciones de la izquierda en este capítulo son, hasta el momento, bastantes inferiores a las de la derecha. En todo caso, la estrategia de bloques y polarización muestran que la incompatibilidad entre PP y PSOE y el centro del espectro ideológico, donde reside el grueso del electorado, es mayor que con sus respectivos extremos más radicales (extrema derecha y extrema izquierda).

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