Análisis

francisco andrés gallardo

El poder, 'Salvados' y Pablo Iglesias

En el Salvados de hoy, con el siempre áspero de Gonzo (este espacio ya no levantará cabeza), aparecerá el líder de Unidas Podemos y vicepresidente Pablo Iglesias. En 2014, cuando el programa de La Sexta lo llevaba Jordi Évole, llegó a reunir a 5 millones de espectadores, con una minimalista entrevista en una calle de Ecuador. El populismo, virginal, se confundía entonces con la esperanza. Al cabo de los años deberíamos de haber tomado nota de la dura factura de los extremismos, de los oportunistas y de esos tipos que en los escaños o en las tertulias incitan al odio, al enfrentamiento y a revanchismos de fantasmagorías. A partir de 2021, tan castigados como estamos en todos los aspectos, debería resurgir el entendimiento, la moderación. La sensatez y la ponderación como vía de futuro.

Pablo Iglesias, en sus inopias forradas de terciopelo y billetes de curso legal, con sus opíparos palmeros, esta noche querrá justificarse de sus incompetencias e incongruencias. Hablará de que no es lo mismo tener el gobierno que tener el poder. Pero es porque a él lo que realmente le gustaría es tener el poder. Todo el poder. Su utopía personalista. Le molestan las voces que carraspean. Echenique, su altavoz, ya no sabe cómo defenestrar a Vicente Vallés para convertirlo en el facha oficial de España. Y TVE sufre su peor tiempo cautiva como se encuentra por Podemos. Al otro lado, Vox, sigue la idéntica estrategia de ruido, mordiscos y rabietas.

Dentro de unos días Joe Biden asumirá su cargo en la Casa Blanca, una oportunidad para que en Estados Unidos, y así a nivel global, se retome el consenso, la profesionalidad y la corrección, para salir de esta hondonada económica a la que nos dirigimos a pique.

No valen los charlatanes, las fascinaciones populistas de los anteriores años 20. Debería ser la hora de ir dejando atrás a los trumpistas, a los independentistas, a tantos intoxicadores radiofónicos, e ir soltando amarras, a un extremo y a otro, para que la mesura y la sincera empatía se unan al trabajo de reconstruir lo que llegamos a ser y tener.

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