Por montera

Adolescentes

El confinamiento lo convirtieron en secuestro. Los adolescentes saben vender su sufrimiento

La adolescencia es un toro difícil de lidiar. Ha vuelto a quedar demostrado, esta misma semana, que con la adolescencia hemos topado. Una cosa es gestionar los brotes inmaduros de los hijos entre las cuatro paredes de casa y la otra, en público. Una manada de adolescentes ha puesto en evidencia la condescendencia de los adultos hacia estas criaturas a las que se les consiente casi todo. Ha surgido un interesante debate entre quienes, perplejos por lo que estaba sucediendo en Mallorca, defendían aplicar la mano dura a esos pequeños salvajes y otros que alzaban el estandarte del paternalismo. Cientos de criaturas decidieron, como es normal y tradicional, celebrar el fin de curso y la Selectividad yéndose a Mallorca. Al parecer, algunos padres fueron quienes, según han dicho, organizaron los detalles a través de su grupo de WhatsApp. Los niños se han portado muy bien, han sacrificado su vida durante la pandemia, han trabajado en las clases por lo que se merecen el premio final. Los menores se van de viaje y a los padres sólo les basta con imaginar qué hará una avalancha de adolescentes, sin vigilancia ninguna, sueltos y con la paga en el bolsillo por las calles de una de las islas más tentadoras de nuestro país. Hacen lo que se hace en la adolescencia. Desobedecer y no respetar las medidas de seguridad sanitarias. Les ofrecieron fiestas sin las mínimas normas y se hizo el brote que se ha extendido por todas las comunidades. Los chavales fueron confinados en un mismo hotel para contener la expansión, y aquí vino el follón. ¿Qué prima: las normas estatales sanitarias o la autoridad de los padres? Me suena este debate. ¿Son los hijos propiedad de los padres? Pero, aquí desvelamos el lío de cómo manejar una edad delicada, escurridiza y rebelde. El confinamiento en un hotel lo convirtieron en secuestro. Nadie mejor que un adolescente doliente para saber vender su sufrimiento que, al apagar las cámaras, celebraban corriendo por los pasillos y cambiándose de habitación saltando por los balcones. La gestión de los contagiados por Covid en las fiestas de fin de curso en Mallorca ha sido una crisis muy mal gestionada, pero con la única solución posible. Hay que taparse los ojos ante todas las normas sanitarias que se han vulnerado para que cada polluelo este en su nido y que cada uno maneje la adolescencia como buenamente sea capaz. Ahora bien, en plena pandemia debe educarse a los menores para que asuman su mínima responsabilidad porque todos conocían los riesgos en los que cayeron. En eso consiste la educación.

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