Ancianos

Muchos ancianos no saben usar un ordenador ni tienen acceso a internet, y si tienen un móvil es un móvil antiguo

15 de enero 2022 - 01:46

Estos días, un anciano de 78 años ha lanzado una campaña de firmas reclamando un trato humano en las sucursales bancarias. De este tema apenas se habla -al menos hasta ahora-, pero es una de las mayores vergüenzas que estamos presenciando en estos tiempos. Muchos ancianos no saben usar un ordenador ni tienen acceso a internet, y si tienen un móvil es un móvil antiguo que sólo les sirve para llamar a sus hijos y nietos. Si a mi madre -octogenaria- le hablan de Google, pensará que se trata de alguna república perdida en Asia Central. Mi madre sabía hacer las operaciones habituales del cajero automático con la libreta de papel. Pero la transición al mundo de la banca electrónica y los pagos a través del móvil la ha dejado completamente fuera de juego. Por eso mismo necesita que alguien le haga los trámites a través de internet o que vaya al banco con ella. Pero si no puede ir -cosa habitual en muchos ancianos que tienen problemas de desplazamiento-, hay infinidad de trámites que se quedan sin realizar. Cobros, pagos, domiciliaciones. En fin, un desastre. Y como ella, claro está, hay millones de ancianos que no tienen conocimientos para enfrentarse a la banca digital.

Además, la banca digital exige unos recursos económicos a los que no pueden hacer frente muchos ancianos que viven con pensiones misérrimas. Calculen lo que cuesta una conexión de internet y el mantenimiento de un móvil más o menos operativo, y verán que para muchos ancianos se trata de un gasto inasumible. Pero aun así, la banca se ha olvidado de estas carencias elementales y trata a estos ancianos como si fueran estudiantes geeks que se han pasado la vida frente a un ordenador. Y para los ancianos que tienen que desplazarse a las oficinas a hacer una gestión, la visita se transforma en una pesadilla: largas colas, esperas interminables, horarios absurdos y un trato como mínimo deshumanizado. Un desastre.

Últimamente, la banca se ha apuntado a la moda woke y toda la publicidad se dedica a hacernos creer que tiene un compromiso ineludible con el medio ambiente, la igualdad de género y el antirracismo. Muy bien, sí, pero entonces, ¿por qué demonios abandona a los pobres ancianos a su suerte y los convierte en criaturas inservibles? ¿Por qué no les dedica un poco de atención y de apoyo? ¿Y por qué los trata mil veces peor que a un simpático oso panda?

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