Autorregulación

Todo cambió, ya lo sabemos, y hubo que poner normas, muchas normas para casi todo

10 de julio 2023 - 01:15

En algunos comentarios, artículos y otros escritos aprecio una cierta añoranza de otros tiempos, mejor dicho, de otra forma de vivir en Sevilla. Creo que en cierta medida recuerdan la juventud que teníamos entonces, muy legítimo por otra parte, aunque no todos nos sentimos peor ahora que entonces. A veces pienso sobre los cambios producidos en Sevilla y echo de menos, sobre todo, la capacidad de autorregular nuestra vida y costumbres que teníamos en esta ciudad. La de movernos en los días de Semana Santa, la de beber cerveza en las aceras sin que molestásemos a nadie o poder ir a los bares y a las casetas de feria y siempre encontrar sitio al fondo, donde incluso estábamos mejor. Podríamos citar muchos más ejemplos, cada cual que ponga los suyos. ¿Cómo y en qué momento perdimos esa capacidad de autorregulación, de adaptarnos al contexto?

Creo que, para empezar, éramos menos. En los años setenta del pasado siglo teníamos poco más de quinientos mil habitantes, unas cuantas líneas de autobuses y un tren expreso para ir a Madrid. Una ciudad que se recorría a pie, sin casi salir de las aceras, porque los arrabales alejados, Torreblanca, Bellavista, eran Sevilla, pero no formaban parte del edificado continuo. Una ciudad que se baldeaba con unas pocas mangas riegas y unos cuantos barrenderos. En la que Correos era un edificio, no solamente un servicio y que apenas tenía una o dos estafetas en otros puntos de la ciudad. A los colegios y facultades se iba andando y con cines de reestreno en los que siempre había sitio. En urbanismo se estudia que una vez sobrepasada cierta dimensión, se estima en unos trescientos o cuatrocientos mil habitantes, es difícil mantener formas y costumbres homogéneas. En Sevilla creo que ocurrió poco a poco, en el tiempo en que las maletas todavía no tenían ruedas y nuestro propio equipaje nos disuadía de viajar demasiado.

Pero todo cambió, ya lo sabemos, y hubo que poner normas, muchas normas para casi todo. Para la movida, las botellonas, para no fumar dentro, para no fumar fuera, para vivir las terrazas en invierno. AP (antes de la pandemia) y antes del turismo de bajo costo y los maletines rodantes. Reconozcamos que, aunque las necesitamos, las normas siempre hemos pensado que son para los demás. Es muy humano. Recuerdo en la Expo, que no había papeles en el suelo. No porque no los tiráramos, sino porque un numeroso equipo de empleados los recogía de inmediato. Lo limpio se mantiene limpio. Ahí ya habíamos dejado de limpiar las puertas y aceras de las casas y los cubos de basura se sacaban a la calle al atardecer, porque no había contenedores de ninguna clase. Normas para los pisos turísticos, ahora que son muchos, pero no para cuando se alquilaban de vez en cuando, por unos cuantos ciudadanos, por ejemplo, en las plantas bajas de las casas patio. ¿Regulamos los alquileres de pisos para estudiantes? No, que de eso sí que tenemos hace años. Ustedes dirán. ¿Nos podemos autorregular o ponemos normas y más normas?

stats