Dejadme la esperanza

El realismo no debe hacernos renunciar a eso que la ética llama obligación moral y los cristianos conversión

12 de abril 2020 - 02:32

Aunque el número afortunadamente desciende, del Domingo de Ramos al Sábado Santo se anunciaron 4.609 muertes. Éste es mi único resumen posible de esta Semana Santa. Lo demás, la contención sensata de algunos cofrades y hermandades y el alarde insensato de otros capillitas y de otras corporaciones, pasa a segundo lugar en esta Semana Santa que ha sumado 4.609 muertes de personas con nombres y apellidos, historia personal y familia, no sólo números y estadística, al total de las 16.353 por las que el Gobierno no considera necesario guardar luto oficial.

Hay mucho de lo que aprender, pero dudo que lo hagamos. A la I Guerra Mundial (1914-1918) y la pavorosa epidemia de gripe tras ella (1918-1920) le siguieron las dictaduras soviética, fascista y nazi que trajeron la II Guerra Mundial y el Holocausto. Tras ellos vino la guerra fría y las calientes de Indochina, Corea, Vietnam, Camboya, el Golfo, Bosnia, Iraq o Kosovo, por citar algunas, más las dictaduras genocidas de China y los jemeres rojos. Por eso dudo que esta crisis nos haga mejores. Los buenos y los malos lo seguirán siendo. Y quienes no somos ni lo uno ni lo otro, la mayoría, seguiremos intentado ser mejores o, por lo menos, no peores. Lo que no significa que haya que renunciar a eso que la ética llama obligación moral -la virtud que busca los ideales del bien, la verdad, la justicia y la belleza- y los cristianos conversión.

Sin desistir de lo primero, para mí nuestra única esperanza cierta está en lo segundo. "Sólo un dios puede aún salvarnos", dijo Heidegger en su última entrevista. "No se hará burla impunemente de la hipótesis de Dios… ¿Podrá el ateísmo suscitar una filosofía, una literatura, una música o un arte de envergadura?", escribió en Gramáticas de la creación el agnóstico Steiner, el maestro que nos dejó cuando este horror se extendía por un mundo que -¿dónde estaba la ciencia, dónde la política?- ignoraba su avance.

Escribí uno de estos días, con escándalo hasta de algunos creyentes flower power, sobre el diablo. En Errata escribió Steiner: "Ante el niño maltratado, violado, ante el caballo o la mula azotados, me siento poseído, como por una claridad en plena noche, por la intuición de la expulsión del Paraíso". Lo comparto. Por eso en estas horas negras hago mía la petición que cierra la Canción última de Miguel Hernández: "Dejadme la esperanza". Él la escribía con minúscula, yo con mayúscula.

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