La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Luz de los primitivos nazarenos

Sólo los primitivos nazarenos sabemos cuánta luz hay en estas palabras: primer viernes de marzo en San Antonio Abad

Pasas por una calle y ves, pegada junto a la puerta de una iglesia, la convocatoria -gracia a Dios y a la hermandad nunca alterada en su absoluta sencillez- del besapiés a Jesús Nazareno. Y sientes que algo, o mucho, queda de nuestro camino hacia la luz. Hacia la luz plena de la primavera y hacia la luz absoluta de Cristo, cuya "claridad resplandece sobre la faz de la tierra". Este año el camino no tiene meta sevillana. Renuncio a hacerme entender en esta ciudad que parece dividida entre frikis y beatos. No ignoro que lo fundamental desde un punto de vista religioso es el Triduo Pascual. Pero tampoco que desde un punto de vista sevillano la Semana Santa, además de una fiesta hermosa y feliz, un espectáculo que alcanza cumbres artísticas que igualan lo mejor que el arte cristiano haya creado, una fusión admirable entre lo culto y lo popular, la historia de la ciudad y su presente, lo sagrado y lo más modestamente cotidiano, es una honda experiencia religiosa.

Wagner -tan gran músico como persona despreciable- escribió: "Esta semana he ido a escuchar tres veces la Pasión según san Mateo del divino Bach, y en cada una de ellas con el mismo sentimiento de máxima admiración. Una persona que -como yo- ha olvidado completamente el cristianismo no puede evitar oírla como si se tratase de uno de los evangelios". Evangelios esculpidos son para mí las sagradas imágenes que atesora nuestra ciudad. Y perfecta edición exegética, interpretación hermenéutica y predicación de estos Evangelios esculpidos son las cofradías que se han hecho a la medida de las imágenes a las que dan culto, como si bordados, orfebrerías, exorno, cortejos, músicas y forma de llevar los pasos buscaran expresar de forma más rotunda y conmovedora lo que las imágenes dicen.

Quien de verdad viva y sienta esto no puede evitar vivirlo y sentirlo, como le sucedía al ateo Wagner oyendo a Bach, como si leyera los Evangelios, una experiencia de lo sagrado, una nostalgia del absoluto. Lógicamente la conmoción de los creyentes es mucho mayor porque ven y sienten aquello en lo que creen, y creen en aquello que ven y sienten como lo más real de la realidad y lo más importante de sus vidas. Es lo que los primitivos nazarenos sentimos hoy ante Jesús Nazareno. Es lo que significan para nosotros estas luminosas palabras que nos alumbran por dentro todo el año: primer viernes de marzo en San Antonio Abad.

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