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Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El Señor de las manos abiertas

Nunca tantos jóvenes hallaron tanta acogida en la cofradía del Jesús de la Redención que se ofrece limpio e inocente

El Señor de la Redención

El Señor de la Redención / M. G. (Sevilla)

Hay un Señor que acoge, que te abre las manos, que te espera en su regazo cada Lunes Santo. De blanco inocente, de mirada limpia, de rostro sereno, se presenta con esa actitud del que lleva años ilusionado con reencontrarse con un hijo o con un hermano. Es el Señor de la Redención. Y sus hermanos saben desde los años cincuenta, fotos en sepia de Santa María la Blanca, de ese abrazo que siempre está dispuesto a ofrecer al que acuda en su búsqueda cualquier Lunes Santo o cualquier día del año en Santiago, en el altar mayor o en la hornacina de la capilla sacramental, a la lumbre de Jesús Sacramentado, en la intimidad del tiempo ordinario, cuando parece que en la sacristía se está revistiendo don Eugenio Hernández Bastos para oficiar la misa. Hoy está el Señor de las manos abiertas recogiendo plegarias en el santuario de los Gitanos, como el Nazareno de la Salud lo hizo una Madrugada en la iglesia de Santiago.

Las manos abiertas de este Señor en tiempos de sufrimiento son el mejor consuelo, como la mejor lección es el abrazo de la cruz. Sentiremos el gozo de verlo de cerca en una nueva posada, la que abrió con cariño, calor y generosidad sus puertas cuando la cofradía llamó por obras en la suya. Y en ella nos metimos los hermanos de la Redención con nuestra todavía joven historia, pero ya cargada de hitos, efemérides y un ramillete de grandes cofrades que hicieron posible la pujante corporación de hoy. Veremos a Angelita Yruela, predilecta de la ciudad y leyenda viva de la Semana Santa, la niña que oyó cómo se fundaba la cofradía en el salón de su casa. Y con ella recordaremos a ese cura de Hervás. Veremos el antifaz de pana verde de Manuel del Cuvillo, que es el mismo que usó su padre en aquella primera salida desde la Misericordia en 1959. A ver quién duda de la hermosa tonalidad de ese antifaz... digno de una vitrina para un futuro museo de la cofradía.

Echaremos de menos a Antonio Chaves y Manuel Yruela, preguntaremos por Fernando Baquero... Evocaremos a Pepe Salas. Y el Señor estará en su paso, cruzado entre las miradas de los apóstoles, que son dos más que en el diseño original porque así lo quiso don Eugenio. Hoy veo al cardenal Bueno Monreal aceptar el cargo de hermano mayor honorario perpetuo, veo al cardenal Amigo celebrar el crecimiento de la hermandad en ese desayuno posterior a la visita. Como veré a don José Ángel percibir la hermosa combinación de una cofradía de centro con los mejores valores de los barrios. Nunca tantos hermanos jóvenes encontraron tanto calor en el Señor que te ofrece sus manos a la vera de un olivo. Sea motivo de orgullo para aquellos buenos cofrades reunidos en torno a un gran cura en una Sevilla en blanco y negro.

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