La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Sevilla, sede de deportes extremos

La Avenida y Marqués del Contadero, sumada la tirolina, podrían ser un escenario para deportes de riesgo

Crean desiertos de losas sin arbolado -cuando no talan los árboles que antes había- y después caen en la cuenta de que lo han hecho en una ciudad con cinco meses de verano y altísimas temperaturas. Entonces empiezan a idear soluciones. La más práctica, lógica y ecológica sería llenar esos desiertos enlosados -"espacios duros" se jactan en llamarlos los arkitectos- de árboles que hacen más hermoso, fresco y amable cualquier entorno. Pero no. Los regidores de esta ciudad y una buena parte de la ciudadanía padecen dendrofobia, miedo y odio a los árboles. ¿Qué hacer para que las criaturas no se achicharren en esta Heliópolis, Ciudad del Sol, que es toda Sevilla? Tolditos de diseño. Nada que ver con la hermosa cobertura de velas que tuvieron y perdieron tantas calles del centro, belleza de gruesos cabos y lonas que daban a las calles un aire marinero y se recogían todos los atardeceres para volverlas a desplegar cada mañana (en el entorno Expo fueron sustituidas por unos churretosos toldos fijos de plástico).

Los tolditos de diseño se planearon y no se pusieron cuando tan malamente se diseñó ese Gobi sevillano en que convirtieron la Avenida cuando, para peatonalizarla y hacerla más habitable, amable y sostenible -¡curiosa ciudad!-, empezaron por talar los grandes árboles que iban de la Puerta de Jerez a Adolfo Rodríguez Jurado. Ahora se estudia instalar tolditos para evitar insolaciones. Se ha ideado también ponerlos en ese Kalahari de hormigón en que convirtieron Marqués del Contadero. Pero la Comisión Provincial de Patrimonio lo ha tumbado porque supondría un impacto visual desde la calle Betis. Los criterios de esta Comisión son otra simpática singularidad sevillana. Por lo visto Torretriana y la Torre Pelli no son impactos visuales, mientras que los toldos lo serían. De impactos visuales estamos tan sobrados que uno más no dolería. La plantación de árboles, por razones que me resulta difícil comprender, se desaconseja. Así que Kalahari al canto.

Pero no nos desanimemos. Esto tiene posibilidades turísticas. Dado el auge de los deportes de riesgo y la idea de tender una tirolina desde la Torre Pelli a la del Oro, se podría promocionar Sevilla como escenario urbano de deportes extremos. Imagínense: tirarse desde una torre a otra para después correr a pleno sol por el paseo del Marqués del Contadero, Almirante Lobo y la Avenida. ¿Quién ha dicho miedo?

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