La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Tablada no se inunda
Malos tiempos para las universidades públicas. La asfixia financiera impuesta desde muchos gobiernos autonómicos y la proliferación de chiringuitos, orientados hacia el negocio o la ideología, bajo la figura de universidades privadas les ha creado un ecosistema hostil. El resultado es que ha puesto en riesgo su modelo educativo con la autonomía y la solvencia imprescindibles en una institución de tanta repercusión social. Madrid es el símbolo de una situación que se repite en otras zonas de España y a la que Andalucía no es ajena.
Muy pocas organizaciones podrían presumir de haber hecho tanto por cambiar y mejorar un país como la universidad pública española. Allí se fraguó a partir de los primeros años sesenta del siglo pasado la España que eclosionaría al final del franquismo y que transitaría desde una dictadura anacrónica y represiva hasta una democracia europea y progresista. Cuando la universidad dejó de ser un reducto exclusivo para las elites y empezaron a llegar a ella los hijos de las clases medias que por entonces empezaban a formarse, se pusieron los cimientos que harían avanzar a la sociedad española y que cambiaría las bases sobre las que se asentaba.
En la universidad, quizás incluso más que en las fábricas, estuvo el fermento del cambio en los últimos años del franquismo, de tal forma que es imposible entender la evolución histórica del país sin tener en cuenta la importancia que tuvo este factor. Fue una universidad enormemente politizada, pero al mismo tiempo logró impulsar a España como un país moderno. Cuando murió Franco, los españoles estaban en casi todos los aspectos más cerca de Europa que del anquilosamiento de la dictadura. La universidad fue la pieza clave de ese proceso.
Con el paso de los años y la consolidación de la democracia ese papel se fue perdiendo, pero la universidad pública se mantuvo como la puerta del ascensor social de los españoles. Hoy incluso ese carácter se está perdiendo ante la desidia de los poderes encargados de cuidarla y la actitud pasiva de buena parte del estamento universitario. Se está poniendo en juego el futuro de los españoles y se está olvidando que un país se mide por la formación que es capaz de dar a sus ciudadanos.
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