El bueno, el feo y el malo en los suelos de Sevilla... y en el Gobierno andaluz

Con los pavimentos de algunas calles del centro ocurre como con la cúpula del Ejecutivo autonómico. Cuidado con los resbalones...

Los tres materiales empleados en el suelo de las calles Santa María la Blanca y San José
Los tres materiales empleados en el suelo de las calles Santa María la Blanca y San José / M. G.

Sevilla, 21 de marzo 2022 - 06:00

Pasear por ciertas calles de Sevilla es una actividad de alto riesgo en los días de lluvia. Se dispara la probabilidad de sufrir una caída de consecuencias muy serias. Carlos Colón citaba el otro día las aceras de Santa María la Blanca entre las más peligrosas en cuanto caen cuatro gotas, cosa en la que también insiste periódicamente Euleón, que advierte que deambular con zapato castellano por esta vía es abonarse a tener la cadera rota o una pierna enyesada durante meses. Se trata de una calle de acceso y salida del centro, especialmente transitada por vecinos y visitantes. Santa María la Blanca es de “alta frecuentación”, como dicen los cursis. En esta calle ocurre con los pavimentos como con el Gobierno de Andalucía, del que ya dijimos que en su cúpula están el bueno, el feo y el malo.

Sucede, por cierto, que han pasado más de tres años de aquella comparación y no sé si el bueno es realmente tan bueno y creo que el malo no es tan malo, pero de lo que no tengo duda es de que el feo sigue siéndolo. Pero a lo que íbamos, que eran los suelos de Santa María la Blanca y su continuación de San José, donde está el pavimento bueno a base de adoquines, el feo y horripilante que es ese borde amarillento sucio, y el malo, malísimo y peligroso, que es el enlosetado gris, anodino y que tiene el efecto de piscina sin agua en días de borrasca. Por este último pavimento se supone que debemos ir los peatones. Tururú.

Cada día nos quitan más sombra en una ciudad con seis meses con riesgo de altas temperaturas. En las calles con el pavimento malo hay que bajarse de la acera y caminar por la calzada los días de lluvia para no partirse la crisma. Como estamos condenados a las soluciones por la vía de los parches, en la Plaza Nueva se ha aplicado recientemente un tratamiento especial en el enlosetado de mármol para evitar que el suelo sea resbaladizo. El resultado es un firme que ha perdido el brillo y que resulta antiestético.

¿No tenemos derecho los sevillanos a decisiones tomadas con conocimiento del terreno y a planes ejecutados con rigor? ¿No podemos tener un Paseo del Marqués de Contadero digno de nuestro casco histórico y del río? ¿No pueden todas las obras públicas tener en cuenta una suerte de cláusula sombra que nos haga la vida más agradable? ¿No se debería trabajar con un catálogo de pavimentos para el conjunto histórico declarado de la ciudad, al igual que de mobiliario urbano, incluidos los veladores de las zonas monumentales? Nos lo tragamos todo hasta que nos pegamos el resbalón. Y llega el parche. Y seguimos tragando. Y el feo sigue estando ahí, siendo el feo. Y el bueno es... el adoquín. El adoquín no engaña.

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