¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Y ahora, '¡tachán’, el 23-F
La viñeta es el género periodístico de opinión más arriesgado. Sintetizar los avatares de la actualidad en dibujos con un mínimo texto exige complejidad y abstracción para expresar un criterio mediante simbolismo, humor, ironía, asombro, tristeza o denuncia. Que el recuadro sea libertario y no consabido es un desafío imponente. Miki&Duarte son los viñetistas en este periódico. El pasado miércoles, su pieza representaba sin palabras a alguien dentro de un atuendo que la ocultaba. Al cabo, predestinada a no ser nadie de quien se puedan ver las manos o la mirada. La túnica blindaba sus formas. Una jaula cuadrada alrededor de donde las personas expresamos el gesto, el sentimiento y el pensamiento, la cabeza. Por un mandato religioso de “devoción, modestia y separación de la mujer de su entorno”.
En la viñeta, la prisionera está en la playa de su solitaria isla. Sujeta una paleta de colores y una brocha. En el caballete, ella representa lo que ve; una tupida reja, negra como el luto de sí misma. Más allá, la vida: el sol radiante, el mar celeste, aves que surcan el aire, una palmera esbelta y flexible. Todas esas alegorías de la belleza y el gozo quedan sobre el lienzo enrejadas, igual que los ojos de la mujer y lo que les está permitido ver y mirar. A quienes atribuyen cultura, derecho y libertad individual en el uso del burka para salir a la calle no queda sino conocerlos por sus obras. Por su contradicción, por su cerrilidad. “Primero, el enemigo interior; luego, ya si eso, las mujeres oprimidas”.
El burka es asunto de actualidad. Una proposición de Ley sobre su prohibición ha sido rechazada por mayoría parlamentaria. Al rebufo, otros (incluidos PP y Junts) se aprestan a presentar su proyecto. El de Vox ha sido desestimado por los que anteponen la rivalidad al imperativo moral. Argumentan que quienes proponen lo obligado –los derechos fundamentales lo son– son xenófobos y ultraderecha, digan misa en latín o en arameo. Nada que negociar en Cortes con los fascistas, nada de enmiendas. Qué comodidad ideológica la de negarse a debatir la barbarie que hace de la mujer una cosa. Infrahumana, pecaminosa, peligrosa. Relativismo cultural del XXI: prohibir el burka en sociedad, según quien lo promueva. Contigo no, bicho. Así me maten. “País”, solía decir el Mariano de Forges, viñetista añorado. Un zurdo al que admiraba la diestra. Que agitaba neuronas.
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