¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Y ahora, '¡tachán’, el 23-F
Algunos en sus delirios sueñan con los católicos confinados en los templos y los curas en las sacristías. Con el cuento de que la fe es un asunto de conciencia personal, pretenden una suerte de creyentes arrinconados, calladitos y sin que hagan público su credo en caso de que ejerzan responsabilidades institucionales. Por analogía, ya que no se pueden prohibir más los toros, cosa que sería su deseo, los mismos pretenden que los taurinos se limiten a las fechas señaladas y, por supuesto, metidos en la plaza con el menor eco posible. Con el apagón que nos deja sin retransmisiones en directo de Televisión Española y con una izquierda que hace tiempo tiró la bandera de los toros al escoger una senda radical, es un absoluto acierto que continúe la apuesta por una publicidad creativa y de impacto de la temporada sevillana que ya hacía Pagés. La nueva empresa, Lances de Futuro, ha presentado una estrategia de medios que nos evoca aquella campaña espontánea que defendía el tradicional hábito de tomarse una cerveza a la vera de la puerta del bar. ¿Recuerdan el lema? “¡Los tanques a la calle!”. Aquello tenía un argumento sólido. Si siempre hemos sabido estar en la calle, por qué renunciar a ese saber estar por culpa de una pandemia o de la cuota de maleducados de siempre.
La campaña taurina, presentada en la sede principal de una Caja Rural que nunca ha abandonado la Fiesta –no como otras entidades que vergonzosamente emprendieron una sonrojante retirada– incluye cuatrocientas banderolas en las calles de Sevilla que combinan imágenes de toreros con grandes monumentos del mundo. Morante de la Puebla aparece con las pirámides de Egipto; Roca Rey, con el Machu Picchu; Juan Ortega, con el Coliseo de Roma; Pablo Aguado, con el Taj Mahal; José María Manzanares, con la pirámide de Chichén Itzá y Borja Jiménez con la Basílica de San Pedro de Ciudad del Vaticano. Maravillas del mundo para un arte maravilloso. Hay que salir más allá de las plazas, apostar por repetir las clases prácticas con los jóvenes en el ruedo, aprovechar el tirón de la televisión pública andaluza y, por ejemplo, no basar la defensa de la Fiesta en estudios de impacto económico (que nunca están de más) cuando la principal razón es que se trata de un acto de libertad, dicho sea sin complejos y con la chaquetilla abierta. Los toros a la calle, sí. Y, con esta nueva campaña, los toros proyectados al mundo. Como fue siempre. Demasiados metros se ha dejado ganar la fiesta entre unos y otros, sobre todo por quienes interesadamente la han vinculado a una ideología para arremeter a placer contra ella.
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