Cabañuelas del cenizo

11 de febrero 2026 - 03:06

Desde el tranvía hacia San Juan Bajo que cruza el Guadalquivir se contempla el río majestuoso y recrecido. Encandila ver el cauce generoso de los ríos y nos hace filosofar con la cita de Heráclito. El Guadalquivir, sin narcolanchas, arrastra su color terroso y la luz del cielo gris le da su tono medio entre el légamo, el frío acero y el caparazón de una tortuga boba. Los colores neutros o inexactos son también dignos de reclamo. No pasa nada si tenemos a veces la cabeza a pájaros (y llena de albures y anguilas) y nos volvemos más detallistas o perceptivos.

No ha parado la lluvia y no paramos de escribir los pesados sobre el bíblico elemento. Tiene su encanto ver desde la ventanilla del tranvía cómo caen las cortinas de agua sobre el río. Agua sobre agua. Tiene algo de poético absurdo, igual que la lluvia que cae en el rompeolas. Decía Claudio Magris –acaba de publicar su precioso libro Cruz del Sur– que así era la poesía líquida del agua: H2O. Más de 3.000 metros cúbicos ha llevado estos días la poesía líquida del Guadalquivir.

Entretiene ver caer la lluvia, aunque estemos ya hasta las narices de tanto hisopo caído del cielo. Son como lluvias prehistóricas en un Macondo andaluz que no sabíamos que se llamaba Grazalema. Lluvias que aquí remiten al recuerdo facilón de las riadas y la trágica Operación Clavel. Lluvias que remiten a los tiempos en blanco y negro. Lluvias que caen de los cielos del color antiguo de los pantalones de franela y que tanto siguen gustando a la llamada gente de orden. Lluvias que antes no se explicaban con tanto tecnicismo ni a través de imágenes satelitales. Hay quien aún recuerda en la tele de antaño una cabezota familiar y simpática, con su forma de cubo de Rubik. Era la de Mariano Medina, aquel hombre del tiempo que trazaba anticiclones y borrascas con la tiza en la mano o colocaba en el mapa de España sus emplastos de soles y de nubes blancas o grises y con lluvia.

El cabañuelista cenizo ya augura lo que ocurrirá en el devenir de los días en eso que llaman como el calendario sevillano. Tras las lluvias, las ventadas y los fríos llegará una primavera adelantada. Gozaremos de un calorcillo súbito y alegre para que sequemos las branquias. Y volverá a llover con furia desalmada en Semana Santa y luego en Feria. La primera ola de calor llegará para quemar las flores de María en los campos de mayo. Cabañuelas del cenizo.

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