La aldaba
Carlos Navarro Antolín
El equipo médico habitual del Giraldillo
Qué alegres y relajados están los señores canónigos en la firma de un nuevo acuerdo para estudiar el Giraldillo. Cómo se nota que no son los años en que Carmen Calvo, correosa consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, empujaba más que un cangrejero con ansiedad en Semana Santa. El Cabildo Catedral de entonces sufrió las mayores presiones que se recuerdan porque ella impuso desde el principio que la veleta debía volver a su emplazamiento original sea como fuere. Y aquello costó un mundo: de dinero y de sufrimientos. Se encargó una réplica porque existía el propósito de dejar abajo el original, cosa que no hubiera sido nada extraña para muchos expertos en Arte que entonces se pronunciaron. El Cabildo actual ha dado entrada a los ingenieros de Ayesa en el particular equipo médico habitual de la veleta, la comisión que estudia el ingenio mecánico. Y eso es una muy buena noticia, porque aumentan los especialistas que velan por la escultura. Algunos no podemos dejar de sorprendernos de que la intervención de hace veinte años no haya ofrecido un resultado con mayores garantías. Hay ya señales de que la veleta no funciona como debiera, pese al esfuerzo que se hizo en todos los sentidos, incluida la subida de una réplica, una maniobra literalmente espectacular.
El Giraldillo es al final como esas calles que arregla el Ayuntamiento y tiene que levantar de nuevo el firme a los seis meses porque se han roto las baldosas o hay que renovar las redes de Emasesa. ¡Sevilla pura! En el aire queda la duda de si sabemos con certeza cómo funciona la Giganta. Pasan más de dos décadas y seguimos sin saberlo, como ignoramos cómo se subió una vez que llegó de los hornos de fundición de Morel. Al menos ahora los canónigos de hoy no tuercen el gesto cuando se les pregunta por el Giraldillo. Quizás no sepan latín como los de antes, pero se han sabido mover bien para contar con Ayesa. Manzanares Japón ya arrimó el hombro cuando Alfonso Jiménez detectó en 1998 una serie de graves grietas en los pilares del trascoro. Se emprendió una obra titánica con excelente resultado. Pero el Giraldillo ofrece dudas después de un proceso digno de tesis doctoral. La crisis económica de 2008 y el cese del turismo por la pandemia mermaron las opciones económicas de un Cabildo que merece un golpe de incienso porque mima el templo como ya quisiéramos que hicieran muchos titulares de edificios históricos de la ciudad. Hay criterio, hay dinero en la caja y hay interés por hacer las cosas bien. Que el Señor ilumine a este equipo médico habitual.
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