¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La tropa que impulsa a Vox
Estos días de azucena desprendida y en los que Sevilla parece Bilbao con tiendas de capirotes, valoramos mucho más las pocas calles que nos quedan con soportales. Nos reconciliamos hasta con Imagen al cerrar el paraguas por unos minutos y caminar sin empaparnos como una torrija. Y echamos de menos los que hubo en tiempos en la Plaza de San Francisco, donde estaba la tienda de paños de Tarrasa que tanto le hubiera gustado al arzobispo Saiz. Nos quedan menos soportales que bares con barras de toda la vida. El profesor Tacho Rufino ha denunciado en estas páginas con un acierto y originalidad insuperables la “castración” de las barras de muchos negocios desde la pandemia: “Una mesa en barra ni es mesa, ni es barra”. Pues si hay pocos soportales, la cosa es mucho peor cuando están ocupados por personas sin hogar. Hace tiempo que advertimos que aumenta el número de indigentes en la ciudad, con lugares que se han hecho ya fijos en la ruta de esta dolorosa cofradía silenciosa que si en Barcelona y Madrid alcanza números inquietantes, en Sevilla empieza a ser un tema digno de seria preocupación. Y no solo en soportales, sino en callejones, zaguanes y portales por estrechos que sean. Cualquier sitio es bueno para servir de refugio a tanto desesperanzado.
Los sevillanos que madrugan y acuden a primera hora a sus trabajos –como esos nazarenos de ruan siempre acelerados– saben que se trata de una lacra creciente en Imagen, Josefa Reina Puerto, San Eloy, Plaza Nueva, Plaza de Cuba, República Argentina, Arjona... Sumen desde hace unos meses la Avenida de la Borbolla. Donde estaba la elegante y agradable terraza del Baco se han instalado los indigentes prácticamente de forma perenne. Donde no hay actividad, no hay vida. Ese tramo de la Borbolla era la mar de agradable con esa terraza impoluta y con su vigilancia especial. Se ha vuelto una bofetada para los vecinos y un aldabonazo en la conciencia de toda la ciudad. Aquí el primero que se dio cuenta del problema que se venía encima fue el arzobispo al dedicar la obra del congreso de hermandades a la creación de un centro de primeras atenciones a los sin techo. Y ahora José Luis García, el concejal competente en el asunto, debe estar afanado en la actualización de un censo que nos deparará datos desagradables. Dicen que la economía va como un tiro, pero los amaneceres en ciertas calles de Sevilla son cada vez más duros. Y se trata de la supuesta zona noble de la ciudad. Nos acercamos a las grandes capitales, pero con una sola línea de Metro. Y tiendas de capirotes.
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