El del centro soy yo

07 de enero 2026 - 03:05

Tres Reyes Magos, tres historias de la Epifanía. Primera historia. 6 de enero de 1961. Sólo a los padres tontos de los hijos listos se les puede ocurrir decir que los Reyes Magos son los Padres. Pero es una verdad incontestable que los Padres son los Reyes. Es la fecha de la fotografía que me acompaña desde hace seis décadas y media. Está tomada en un colegio.

Los tres Reyes Magos subidos a la tarima. A la izquierda un encerado. Sobre ellos, un crucifijo y a ambos lados sendos retratos de Franco y de José Antonio. Una docena de niños de espaldas al fotógrafo los miran arrobados porque saben que son los Reyes Magos auténticos. La escena tiene lugar en un colegio de As Pontes de García Rodríguez, pueblo coruñés donde vivíamos por razones laborales de mi padre. El mismo colegio donde doña Antoñita Orosa, maestra de Villalba (Lugo) me enseñó a leer y a escribir. Ese mismo día recibimos en mi casa por correo postal la novela de Julio Verne Veinte mil leguas de viaje submarino, regalo de Reyes de mis tíos Carmen y Ramón. En el dorso de la foto, junto a la fecha aparece escrito con bolígrafo: “El del centro soy yo. Paco”. El rey Melchor habría tenido que ausentarse, reclamado por algún cuento de Cunqueiro, y mi padre, como los sobresalientes del toreo, lo estaba sustituyendo.

5 de enero de 1987. José Rodríguez de la Borbolla encarnó al rey Baltasar en la Cabalgata de Sevilla que puso en marcha en 1918 José María Izquierdo (Gaspar en el cortejo fundacional), el único nombre propio de Ocnos de su amigo Luis Cernuda. Melchor fue el torero Juan Antonio Ruiz Espartaco y a Gaspar le daba fuste Jesús Aguirre Ortiz de Zárate, ex sacerdote convertido en duque de Alba al casarse con Cayetana de Alba. Es el único precedente de Juanma Moreno, que también ha sido Baltasar. Nunca fueron requeridos para tan epifánico cometido Plácido, Escuredo, Chaves ni Griñán. Tampoco Susana Díaz, pero en su caso porque en el relato del evangelista Mateo no se habla de ninguna Maga; en Cortázar sí. Cuatro décadas de Borbolla a Moreno Bonilla, de Monsalves a San Telmo.

Octubre de 1989. No sé cómo se celebra en Venezuela la festividad de los Reyes Magos. Herodes alteró el guión, aunque para unos es Donald Trump y para otros Nicolás Maduro, que salía custodiado del helicóptero por una guardia pretoriana como si lo condujeran al Palacio de Anás, el suegro de Caifás. Los primeros días de 1989 llegamos a bordo del J.J. Sister, nombre técnico del barco Guanahaní capitaneado por Miguel de la Quadra Salcedo, a la desembocadura del Orinoco. El barco salió de Cádiz con escalas en Canarias y Cabo Verde. Me impresionó la belleza inverosímil de los tepuyes, dormir en una hamaca a los pies del Salto del Ángel, los saltos de Guaraguau. Pero nunca olvidaré la seña de identidad de Cumaná, sus muñecas, de las que sabrán y mucho sus Majestades de Oriente. Esta hermosa ciudad fue entre 1568 y 1777 capital de la provincia de Nueva Andalucía, nombre del vespertino blanquiverde que dirigiera Javier Smith. En Cumaná estuvieron fray Bartolomé de las Casas y Juan de la Cosa. Al evocar la ciudad y sus muñecas he pensado cómo estarán siendo estos días para los niños venezolanos.

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