La Noria

Carlos Mármol

La 'deuda secreta' del Gobierno con Sevilla

La provincia acumula desde hace ya una década un déficit en las inversiones estatales del orden de 2.173 millones de euros

NO es cuestión de la solidez de los argumentos políticos. Tampoco de las ideas. Es sencillamente un asunto de números. Y contra éstos se podrá decir lo que se quiera, pero las evidencias son demasiado expresivas. Sevilla ha vuelto a perder -un año más- la eterna batalla para romper el maleficio histórico que tradicionalmente la condena, sin motivo alguno además, a recibir de las arcas del Estado cada vez menos dinero para sus grandes proyectos de infraestructuras.

Esta nueva derrota, además, que alguno puede intentar relativizar dado el actual escenario de crisis económica y la directriz general del Ejecutivo de Zapatero de contener a toda costa el elevado déficit público, es un episodio más -bastante agrio, por otro lado- de la larga serie de malas noticias que a medida que se aproxima el mes de octubre suele recibir la provincia. Cada vez que se atisban en el horizonte las líneas maestras de los presupuestos del Gobierno central hay que echarse a temblar. Vienen olas.

Las previsiones oficiales reseñan un descenso en la inversión del orden de 123 euros por habitante en relación al pasado año. Si en 2010 el trozo de la tarta que se nos asignó ya era discreto -663 millones de euros- el próximo año no pasaremos de los 435 millones. Una inversión per cápita de 227 euros. Más o menos un 35% menos. Una cantidad escasísima si se tiene en cuenta que a lo largo de 2010 ya estábamos a la cola de inversión por habitante en Andalucía -siendo la capital de la región- y que hace tan sólo dos años el tijeretazo de Madrid fue de un 17% en relación al año previo. Caminamos por tanto como los cangrejos: hacia atrás.

Justificar el magro saldo presupuestario de Sevilla en base a la grave situación de crisis económica y a la decisión de reducir el gasto de la Administración estatal viene a ser una respuesta de libro. Probablemente es lo que hoy intentará hacer el secretario general del PSOE de Sevilla, José Antonio Viera, al valorar las cuentas del Gobierno. De idéntica forma, pero en sentido contrario, escenificará el PP sus reproches, probablemente diciendo que estos presupuestos muestran el escaso interés que el Ejecutivo de Zapatero -que viene dentro de unos días para presentar a los candidatos del PSOE a las elecciones municipales- tiene en los grandes proyectos de Sevilla. Todo responde al guión previsible. Son escenas, como dice un inteligente socialista, acordes con lo que fácilmente podríamos denominar la música de los clásicos populares.

Entra dentro de la lógica que cada uno de los dos grandes partidos políticos intenten disimular lo que no les conviene y resaltar lo que sí. Decir la mitad de lo cierto. Orillar el núcleo de la cuestión. Pero esta discusión, además de inútil, es completamente bizantina. No ataca el problema de fondo. Y, huelga decirlo, no supondrá ninguna solución frente a la difícil coyuntura actual, a la que no se le adivina fin inmediato y que es prácticamente imposible contemplar con cierto optimismo.

El asunto trascendente es otro. ¿Por qué Sevilla está desde hace más de una década relegada en los presupuestos de Madrid? Esta tónica no ha cambiado casi nunca, salvo en 2008, con independencia del signo político de quien presidiera el Gobierno central. Ni el PSOE la ha cuestionado -ni antes ni durante la crisis- ni el PP, que tanto presume de la gestión económica de Aznar, ha hecho algo distinto en relación de la capital hispalense cuando le ha tocado el turno de decidir.

Más bien todo lo contrario: el principal partido de la oposición ni siquiera se comprometió en su momento a cofinanciar la línea 1 del Metro de Sevilla. Un elemento que debiera tenerse en cuenta si se quiere valorar de forma objetiva proyectos como el del ferrocarril metropolitano que ha presentado hace unas semanas el candidato conservador a la Alcaldía, Juan Ignacio Zoido.

No se trata, como acostumbran a presentar los políticos, de que el recorte en las inversiones sea cosa de la voluntad de uno u otro partido. A este respecto no existe un Gobierno amigo y otro hostil. La cosa es más simple: Sevilla no pesa lo suficiente políticamente a la hora de discriminar en qué dirección se reparte el dinero estatal.

el verdadero contexto

La serie histórica de los datos de licitación estatal no deja lugar a dudas. Según el diagnóstico de Francisco Ferraro, catedrático de Economía, el déficit de inversión del Estado acumulado en la provincia de Sevilla a lo largo de los últimos diez años -el periodo temporal de estudio se inicia en 2000 y llega hasta el pasado año- puede calcularse en 2.173 millones de euros (con el precio del dinero actualizado a 2009).

El análisis de Ferraro se basa en la licitación real de la Administración central. En este sentido, es mucho más realista y prudente que las previsiones presupuestarias, que por su propia naturaleza son una mera estimación de gasto. Salvo en 2008, cuando la licitación por habitante del Estado en Sevilla superó la media regional y española, el resto de los años la tónica ha sido la misma. Un retroceso sostenido en el tiempo. Madrid ha invertido en la provincia durante estos últimos diez años mucho menos de lo que lo ha hecho en España y en Andalucía. Antes y durante la crisis económica.

La tendencia es tal que el acumulado de esta especie de deuda secreta -nadie la quiere ver; nadie la reclama- supone ya casi cinco veces el porcentaje de inversión que se nos ha asignado en 2011. Y éste, y no otro, es el contexto en el que hay que analizar el reparto presupuestario en las cuentas generales del Estado. Todo lo demás son visiones sesgadas, interesadas y parciales.

¿Dónde irá el dinero? En este punto hay menos margen para la crítica. El Gobierno mantiene viva la SE-40, que la ciudad viene esperando desde hace quince años, aunque todavía hay que ver cómo será el ajuste en los proyectos ya licitados. Parece claro que el arco Noroeste de la circunvalación no se va a hacer a medio plazo. La consignación presupuestaria sólo permite abordar estudios técnicos. Se argumentará pues que su construcción no está parada, pero su licitación queda en el aire. El tercer carril de la A-49 ya se daba por descontado. Igual que las inversiones en la red de Cercanías o los estudios del AVE. Es evidente que la potenciación de los transportes públicos es el camino inteligente, aunque resaltar las aportaciones al Metro de Sevilla peca de optimismo. Se va a pagar lo ya hecho y comprometido en su día. Sobre la posibilidad de ayudar a la explotación del servicio sólo hay una vaga disposición a negociar. Poco más. Habrá que esperar todavía un tiempo para poder valorar la disposición real del Gobierno. El Puerto (60 millones) es la única infraestructura productiva que logra un tratamiento económico importante. No está mal. Aunque evidentemente no cubre ni por asomo las necesidades reales de la provincia. Sevilla, en definitiva, sigue sin romper su maldición presupuestaria. Con crisis y sin ella.

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