Fatiga de materiales

02 de febrero 2026 - 03:06

Los españoles han tenido que enfrentarse en un período corto de tiempo a dos grandes tragedias colectivas, la dana de Valencia y el accidente de los trenes de alta velocidad en Adamuz. Aunque diferentes en muchas cosas, en ambas se ha producido el mismo fenómeno: los afectados de forma muy directa, pero también el conjunto de la ciudadanía, han considerado que el Estado no ha estado a la altura de lo que cabía exigir de él. En el primer caso, por el abandono y la desidia en la toma de decisiones, en el segundo por la falta de atención a una infraestructura básica. Y en los dos han visto como la política, en la peor acepción de la palabra, convertía una desgracia en material para el combate partidista.

Si a la dana y Adamuz se le añade el apagón de la pasada primavera, en el que todo quedó en incomodidades y daños menores pero que tuvo una enorme repercusión, hay motivos para pensar que, en España, el Estado, entendido como el funcionamiento de las diferentes administraciones para dar respuesta a las demandas de los ciudadanos, presenta fallos graves que han dejado de ser coyunturales para convertirse en estructurales.

Parece como si medio siglo después de que se empezaran a recuperar las libertades la democracia española adoleciera de una fatiga de materiales que se manifiesta con especial crudeza cuando se producen grandes convulsiones sociales, pero que permea a la vida cotidiana. Esa fatiga de materiales estaría también detrás de los grandes problemas que se han convertido en retos insolubles para el Estado, como la dramática distorsión del mercado inmobiliario, que impide el acceso a una vivienda a millones de españoles, o en los últimos años la escalada de los precios de los alimentos, por no hablar de la calidad de la gestión de la sanidad pública que ofrecen las autonomías de uno y otro signo.

Como ocurre en la red ferroviaria, la democracia española va a tener que proceder a un acelerado recambio de vías y va a tener que invertir en serio en la mejora de la atención a sus usuarios. Con los síntomas de anquilosamiento que ofrece desde hace tiempo el futuro que se le presenta no se puede decir que esté despejado. Y no son pocos los que se quieren aprovechar de esta situación para terminar de hundirla.

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