La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los velatorios que perdimos
Un grupo de hoteles de Ibiza ha apostado por conectar el turismo con la vida de los barrios como respuesta a algunos de los problemas de la presencia del turismo en los lugares más tradicionales y la convivencia con los residentes. Hoteles de tamaño mediano que se abren a las necesidades de los vecinos para ofrecer hospitalidad y acompañar y facilitar la convivencia, con apoyo a las tradiciones que se viven en el día a día. La idea ha sido presentada en el Fitur 2026 y es una muestra de la capacidad de reinventar el futuro que tienen algunas personas. “Nos redefinimos para conectar a un nuevo turismo con los barrios de siempre y lo hacemos sin perder la esencia de lo local y ayudando a desarrollar más barrios con vida y más vida de barrio”, explica Marc Rahola, CEO de OD Hoteles, cadena premiada por su capacidad de iniciativa y que desarrolla con éxito otras líneas hoteleras basadas en el diseño art decó, la música, la vida rural o el lujo relajado y cosmopolita. Este grupo ha abierto recientemente un establecimiento en Sevilla, en la plaza de la Encarnación, actualizando un hotel de toda la vida, una de las características comerciales de la empresa, rehabilitar y modernizar mejor que construir de nuevo. Conocí a Marc Rahola en una charla sobre turismo e innovación que dio en la sede del Diario de Ibiza hace unos años. Insistía en que el hotel debe dejar de ser en exclusiva para el cliente y abrirse al residente convirtiendo los lobbies en “salones sociales” del barrio o la ciudad. Parece que lo está poniendo en práctica con éxito.
Claro que cuando hablamos de vida de barrio lo hacemos en el concepto de hoy en día. La capacidad de tener todo lo necesario (trabajo, comida, salud, educación y ocio) a pocos minutos. Si no hay una comunidad de origen, como en las antiguas parroquias o como en las barriadas de los años sesenta y setenta en las que todos los vecinos llegaban en poco tiempo, al menos hay proximidad. Y eso puede ser en cualquier lugar, Nervión o Tiro de Línea, San Bernardo o Los Remedios. El Tardón o San Roque. Palmete o los Bermejales. Con mercados y comercio local, con rituales sencillos, como poder pedir lo de siempre en el panadero, el bar de al lado o el peluquero. Y para algunos adictos como el que escribe, rebuscar en la papelería. En el barrio nos encontramos con miradas conocidas, aunque sean superficiales. En definitiva, se ha dicho con acierto que la vida de barrio, aunque sea adquirida, es un buen antídoto de la soledad urbana. Sociológicamente se habla de la necesidad que tenemos del tercer espacio. Después de la casa y el trabajo el tercer espacio es ese café, la plaza o parque y los salones o bares de los hoteles. Parece una propuesta atractiva. Por cierto ¿Cuándo fue la última vez que se tomó un café o un aperitivo en el hotel Alfonso XIII? Se lo recomiendo.
También te puede interesar
Lo último