Marlaska hace trampa

20 de febrero 2026 - 03:08

Es juez, y conoce mejor que nadie cuáles son las responsabilidades de un superior ante los presuntos delitos que ha podido cometer un subordinado. Es impensable que Marlaska, juez que investigaba de forma minuciosa y no se le escapaba nada, no haya detectado el clima que existía en torno al DAO, con fama de poner cerco a mujeres con las que trabajaba, las presionaba para que cedieran a sus sugerencias sexuales y en algunos casos ofrecía ascensos o traslados muy apetecidos a mujeres de las que aspiraba recibir favores sexuales. La rumorología era tan insistente en ese sentido, que pocos policías creen al ministro cuando afirma que no sabía nada sobre la vida personal del DAO. Si efectivamente desconocía todo, entonces falla la capacidad del ministro para ejercer su trabajo. El de sus propios servicios, y también lo que debe detectar por sí mismo, porque las situaciones de tensión, de malestar, de excusas para no coincidir con determinados personajes, se captan a nada que alguien esté atento a lo que se cuenta a pocos metros de su despacho …o en su propio despacho. También cuesta creer que nadie le alertara sobre el comportamiento del hombre más poderoso de la Policía Nacional, más que el propio director general.

La estratagema de Marlaska de decir que solo dimite si la propia víctima le exige que considera que no ha recibido el obligado apoyo ante la agresión sexual recibida, es una trampa. Marlaska, por juez y por ministro, sabe perfectamente que un policía, más si es mujer, difícilmente denunciará a un superior. Podría acabar sancionada, o expulsada, si no aporta pruebas. Es la razón de que grabara el encuentro con el DAO al que fue obligada, y la razón de que tras meses de depresión y problemas mentales que la llevaran a pedir la baja, presentara denuncia ante un juzgado y no ante una comisaría. Tenía miedo a que le taparan la boca o intentaran desprestigiarla para salvar al DAO. Ya había sido amenazada, y también presionada para ocupar un buen cargo lejos, para apartarla.

¿Nadie sabía nada en las alturas, nadie informó a Marlaska? Si es así, está obligado a cesar a quienes le rodean, por ineptos y desleales. Pero, analizada la situación, quien debe dimitir o ser cesado es él mismo. Por agarrarse a su puesto de forma tramposa, al intentar salvarse alegando que solo dimitirá si la víctima de agresión le acuse de no protegerla. Pónganse en la situación de ella: una policía declarando contra su ministro.

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