¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La ordinariez de la ordinalidad
Colocar en el ministerio que atiende los asuntos taurinos a un declarado antitaurino no es sólo enseñar la patita, sino una elocuente declaración de intenciones. El nefando inquilino de la Moncloa, aparte de haber incrementado el gasto con tres ministerios más, ha nombrado ministro de Cultura a un catalán que no se corta en declarar su aversión al mundo de los toros. Catalán y antitaurino, blanco y en botella para pensar que el futuro inmediato de la Fiesta Nacional va a estar plagado de obstáculos. Y es que dentro del fascismo rojo que padecemos es de obligado cumplimiento la prohibición. Esta gente no se conforma con desvelar sus aficiones y en vez de no aplaudir lo que no les gusta lo prohíben y que les vayan dando a los que llevamos el gusto por ver torear en el ADN. Qué claras las intenciones.
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