Carlos Navarro Antolín
Ese ratito diario del cura del Porvenir
Mucho largar de cómo nos han metido hasta en los tuétanos, nunca mejor dicho, la terrible moda de Halloween pese a nuestra cultura milenaria, rica y con tantas costumbres hermosas y arraigadas, pero se nos ha pasado otro contagio que nos viene de ultramar: el discursito. ¿De cuándo el familiar con más ansias de protagonismo ha tomado nunca la palabra en las exequias que se celebran en esa capilla del tanatorio? Por cierto, un lugar cada vez más parecido a Casa Ricardo o La Fresquita por la de cuadros de hermandades que se exhiben en las paredes. Ahora tienes la misa, la homilía y el discursito del cuñado. Los curas se han dejado ganar el terreno. Ni liturgia ni nada. Discursitos en bodas, puestecitas de largo de ellas... y de ellos. Ya me dirán que pinta un varón protagonizando esa ceremonia eminentemente femenina, pero la sociedad de consumo se impone siempre. Decimos puestecitas porque las puestas eran otra cosa y no lo de ahora, que son botellonas con presencia de los papás, autobuses y todo pagado para el nene o la nena.
-¡Hay que participar, leñe! ¡Hay que disfrutar, so amargado! Está usted avinagrado.
Yo participo en todo, pero líbrennos de los discursos de los padrinos en las bodas, que el presbiterio era cosa seria donde no se subía cualquiera y no ahora que parecen los Salones Osiris. Tenemos derecho a un mundo en paz donde el cuñado no tome la palabra, la madrina se quede en su sitio y el padrino no pretenda ejercer de pro-hombre que se hace cargo de todos los gastos para que a su prole no le falte de ná. Tanta emancipación prematura, tanta igualdad, tanto promover la madurez con estancias en el extranjero, pero resulta que a la hora de la verdad asumimos el formato de ceremonias de la antigua aristocracia (puestas de largo, pedidas de mano de evidente trasfondo machista, etcétera), tratamos a los niños ya talludos (y peludos) en las bodas como si siguiera siendo menores (pagándoles todo e incluso permitiendo que ganen dinero con los ingresos por bizum o en los antiguos sobres)....
Todo a cambio del discursito del patrón pagador, el padrino henchido de gloria, la cuñada fantástica, el primogénito ejemplar. Tengo un discursito para usted el día del bautizo de mi hijo, los días de sus cumpleaños, la noche de su puesta de largo, el día de su boda... Qué felices éramos cuando solo hablaban los curas. La sensiblería norteamericana también nos ha metido unos usos que no dejan de ser pueriles. Algún día soplará el viento, se llevará por delante tanta farfolla hueca y se hará el silencio, bendito silencio. Tanto hablar, tanta microvanidad, tanta estulticia, tanta paliza.
También te puede interesar