El puente del Centenario y el pito del sereno

17 de febrero 2026 - 03:08

Si no fuera porque llueve sobre mojado, el nuevo parón a las obras del puente del Centenario sería para que Sevilla se hiciera muchas preguntas. A estas alturas ningún sevillano ignora que en esta obra lo están timando y que llevan timándolo varios años. Lo de menos, con ser mucho, son las razones del nuevo parón. Lo que de verdad importa a los miles de personas que cada mañana o cada tarde se tragan los inmensos atascos es que los toman por tontos y que están condenados a que así sea por tiempo indefinido. Un ejemplo claro de gestión infame del Ministerio de Transportes, pero por encima de ello otra burla a los sevillanos.

Si el caso del puente fuera un ejemplo aislado de desidia y de falta de eficacia se podrían hacer interpretaciones variadas e incluso pensar que una obra de ingeniería tan complicada está sujeta a contingencias de todo tipo que conllevan inevitablemente retrasos y sobrecostes. Pero el del Centenario es solo uno más. Sangrante porque el puente es un cuello de botella que hace que el tráfico de circunvalación de Sevilla esté muy lejos de ser el de una gran ciudad con necesidades de movilidad creciente.

Pero no sería tan grave si la SE-40 estuviera operativa en todos sus tramos o si Sevilla tuviera una red de metro y de cercanías que absorbiera muchos de los desplazamientos que los sevillanos tienen inevitablemente que hacer en coche. El de la movilidad es uno de los factores que más limitan el desarrollo de las ciudades modernas. Sevilla es un ejemplo de cómo sus necesidades en este capítulo se han ignorado durante décadas y también de cómo sus consecuencias se pagan.

No caben en estas cuestiones quejas lastimeras o la tan frecuente utilización del tema para hacer campañas políticas que nunca llevan a sitio alguno. Si Sevilla está abandonada por las administraciones hasta extremos que bloquean su desarrollo y en otras ciudades de parecida o menor dimensión esa realidad no es igual será porque existen razones para ello. Es hora de que Sevilla se ponga a buscarlas porque si no lo hace nunca encontrará soluciones. Un acontecimiento capaz de impulsar un desarrollo rápido, como ocurrió en 1992, llega como mucho una vez cada siglo si es que llega. Sevilla no puede permitirse el lujo de sestear hasta que por una carambola alguien venga a tirar de ella.

La obra eterna del puente del Centenario es un claro ejemplo de desidia administrativa y de abandono por parte del Gobierno. Eso es evidente. Lo que habría también que preguntarse si no es al mismo tiempo un claro ejemplo de desidia local. O, dicho de otra forma, si es la falta de respuesta de la ciudad y la muy escasa movilización en defensa de sus intereses lo que hace que situaciones como esta se puedan producir. Estos mismos días hemos asistido a como Barcelona y toda Cataluña se levantaban contra el abandono de su red de cercanías. El ruido se ha escuchado en toda España y el Gobierno ha tenido que reaccionar. Aquí el ministro Puente o el que en cada momento toque sabe que no va a tener ese problema. Nos seguirán tomando por el pito del sereno.

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