Manual de disidencia
Ignacio Martínez
Tenemos que hablar
Ratas en la Plaza Nueva. No hagan chistes fáciles, por favor. Ratas de verdad, con bigotes y largo rabo, gordas como si las hubiera pintado Botero y cuidadoras de su abundante prole. Es evidente que el alcalde no es el responsable directo de esta conversión de la Plaza Nueva en ratódromo, ni el encargado de acabar personalmente con ellas como si fuera el flautista de Hamelín, el gato Jinks persiguiéndolas al grito de "mardito roedore" (dicho en el espléndido, exagerado y divertido andaluz del actor sevillano exiliado Florencio Castelló que lo dobló en México) o aquel esqueleto de rata que armado con una guadaña perseguía a sus aterrorizadas hermanas en los anuncios del matarratas Nogat ("El terror de las ratas… La sentencia a su maldad"), puro Valdés Leal roedor.
Pero también es evidente que entre las responsabilidades que asumió figuran tanto la limpieza de la ciudad como la desinsectación y la desratización. Como evidente es que la ciudad está guarra y que las ratas abundan cada vez más a la vez que por la razón que sea son cada vez más atrevidas. Ahora han sido las ratas paseantes de la Plaza Nueva, hace unos meses una vecina del Juncal grabó a una rata paseándose por los pretiles de sus ventanas… ¡en un cuarto piso! y hace poco se difundieron fotos de una rata gorda como un gato castrado en Pagés del Corro, de una rata muerta en la Avenida de la Constitución o de ratas trepadoras en los árboles de Felipe II. No es infrecuente ver algunas correteando ni toparse con el cadáver insepulto, no recogido por los servicios de limpieza, de una rata difunta.
La suciedad es una de las mayores preocupaciones y la limpieza una de las primeras exigencias de los ciudadanos. El alcalde lo sabe, aunque, en unas declaraciones del pasado junio, lo reconocía a su manera: "Soy consciente de que la ciudad puede estar mucho más limpia". Una forma como otra cualquiera de no decir que está guarra. No se trata de que pueda estar mucho más limpia sino de que deje de estar tan asquerosamente sucia. También dijo: "Espero pasar página de esa preocupación en torno a la limpieza". Y estamos en esa misma página de la suciedad que lleva demasiado tiempo sin pasarse en Sevilla, porque la cosa viene de lejos, acumulándose la roña y multiplicándose o haciéndose más atrevidas las ratas que, como es sabido, están a sus anchas en la suciedad, la basura y el descuido. Es decir, en esta Sevilla.
También te puede interesar