Imaginemos que mi padre tiene una frutería. La frutería no es la que más variedad ofrece ni la que mejores servicios da, pues ha tenido muchos problemas con los robos. Seguro que nadie, en su sano juicio, vería bien que yo fuese a comprar verduras a un supermercado con el argumento de que la frutería de mi padre no es lo suficientemente buena.

Si yo de verdad quiero a mi padre lo que voy a hacer es ir a su frutería, para apoyarla, pues es a base de apoyar algo con lo que conseguimos que ese algo mejore. El jefe del Estado, que se supone que ama al Estado, debería apoyar la enseñanza del Estado, pues es apoyándola como mejora. Todo esto de la salida de la Princesa me hace plantearme dos preguntas: si la educación pública es tan buena, ¿por qué tiene ella la necesidad de irse? Si, por el contrario, la educación pública no es lo suficientemente buena, ¿por qué no nos gastamos mejor el dinero en mejorar la educación para todos que en mejorársela a una persona? 

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