La tribuna

Una ardiente flor de invierno

Una ardiente flor de invierno
Tomás García
- Doctor En Biología

Cuando muchas plantas pierden sus hojas, cuando dormitan a la espera del renacimiento de la luz y el calor de la nueva primavera, el ciclamen adquiere fuerza y expone sus poderosas flores a los fríos vientos. Esta planta se distribuye en una veintena de especies, de las cuales la más común desde el punto de vista ornamental es Cyclamen persicum o violeta de los Alpes. Tiene su origen en el sudeste de Turquía y Asia Occidental, y monjes de antiguos monasterios la introducen en las islas griegas y el norte de África. Las hojas son acorazonadas y con vetas blanquecinas por el haz que conforman un artístico y exclusivo mosaico en cada una de ellas. Contiene un tubérculo –tallo subterráneo con reservas– que permanece latente en verano y con el que rebrota en otoño si lo cuidamos de modo adecuado. Su temperatura óptima oscila entre 10 y 20 grados si la humedad es suficiente, manteniéndose en nuestro entorno desde octubre hasta los albores primaverales y ofreciéndonos flores durante unos seis meses al año. Sería introducida en España en la década de los cuarenta del pasado siglo por el jardinero austriaco Rudolf Klobuznik, quien la cultiva en el Jardín de la Rosa de Madrid. Presenta a día de hoy numerosas variedades de flores de distintos colores con cinco pétalos erguidos que se retuercen y nos ofrecen un vibrante aspecto.

El ciclamen rojo está poblando últimamente zonas ajardinadas de calles y plazas de ciudades durante la época navideña, entre las que destaca Sevilla. Las razones son variadas y quizás la principal sea la dilatada duración de sus flores, las cuales anuncian como llamas alumbrantes la llegada de los días festivos de diciembre y enero, alegrando nuestros espacios públicos en periodos de escasez floral. Se mantiene en plenitud durante el invierno, pues el rango normal de la temperatura ambiente hispalense en esta estación permite que se conserve bien a la intemperie. Podemos contemplarlo en la actualidad en enclaves emblemáticos: parterres de la Plaza Nueva, de la Puerta Jerez, del Duque y de la Encarnación; macetones de la Avenida de la Constitución... Antes de la reciente expansión del ardiente ciclamen rojo, la estrella indiscutible de nuestras calles durante las festividades en torno a finales y principios de año era la flor de Pascua: un fantástico arbusto que lleva en sí mismo una historia extraordinaria desde que algunos franciscanos del Nuevo Mundo lo descubrieron y usaron en el siglo XVI para adornar iglesias en sus pastorelas o representaciones vivientes durante las celebraciones navideñas, pasando a Estados Unidos y Europa en siglos posteriores. Todo ello no impide que consideremos al hermoso y reluciente ciclamen de flores rojas como una buena opción para embellecer lugares públicos durante las entrañables fechas de Navidad y Año Nuevo, siendo deseable conjugarlo con la flor de Pascua para que su tradicional presencia no desaparezca con el paso del tiempo de rincones simbólicos de Sevilla.

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