Llanto y dolor en el pabellón

Más de 2.000 personas despiden en un abarrotado pabellón a los cuatro jóvenes muertos en un accidente de tráfico · El funeral lo oficiaron el vicario de la diócesis y los párrocos de Brenes y Villaverde

Uno de los cuatro coches fúnebres llega al pabellón, donde fue recibido por el Ayuntamiento en pleno.
Francisco Correal

Brenes, 04 de mayo 2008 - 05:01

El 2 de mayo fue fiesta en toda España menos en Brenes. Esta población ribereña de 12.000 habitantes, adscrita al doble patronazgo de San Sebastián y la Virgen del Rosario, se vio sacudida por una nueva emboscada de la carretera. De la A-8008, maldita calzada capicúa que se llevó a cuatro de sus hijos a los que ayer sus paisanos, entre desgarradoras escenas de dolor, dieron cristiana sepultura en su localidad.

Antonio Francisco (21 años), José Carlos (21), Francisco (19) y Antonio Manuel (18) venían de celebrar en Sevilla la comunión del hermano pequeño de este último. Conducía el vehículo el único superviviente, José Antonio, por cuya recuperación invocaron los concelebrantes del multitudinario funeral. El chófer se salvó, paradójicamente, porque no llevaba el cinturón de seguridad y al ser despedido como consecuencia del golpe frontal contra un camión se libró de la trampa mortal que acabó con sus cuatro amigos.

"El chico ha preguntado por ellos, ha pedido verlos, pero le han dicho que están ingresados en otra planta porque todavía no han querido decirle nada", dijo ayer a Europa Press un vecino. El cardenal de Sevilla Carlos Amigo Vallejo, que el viernes se trasladó al tanatorio de Servisa para darles el pésame a los familiares de los jóvenes, delegó ayer en el vicario general de la diócesis, Francisco Ortiz, por encontrarse ordenando a nuevos sacerdotes.

Junto al vicario, concelebraron Joaquín Reina Sousa, párroco de Brenes, y José Francisco García Gutiérrez, arcipreste y párroco de Villaverde del Río. Los cuatro ataúdes fueron introducidos a hombros por la puerta trasera del pabellón, donde se dieron cita más de 2.000 personas. Los aplausos se mezclaban con los llantos y gritos de dolor. La Cruz Roja intervino en una quincena de desmayos y lipotimias. Al final de la misa, el párroco de Brenes pidió en nombre de los familiares que no les dieran el pésame y que los féretros fueran llevados al cementerio en vehículos, no a hombros como habían entrado. Para evitarles al menos el dolor innecesario. Un camión del Ayuntamiento trasladó medio centenar de coronas fúnebres.

Terminó la tragedia y empieza el drama. Se fue la muerte y llega la vida. "¿Quién es capaz de llenar ahora el vacío que sienten las familias?", se preguntó en su homilía el vicario, que leyó un amplio y emotivo texto de monseñor Amigo en el que les reiteraba su convicción de que "el amor es más fuerte que la muerte".

Hoy se cumple el tercer día de luto en Brenes. El Ayuntamiento que preside Marcelino Contreras ha decretado la supresión de las cruces de Mayo en señal de duelo. El pabellón se quedó pequeño para dar cabida a tantísima gente. La muerte de los cuatro jóvenes cambió la agenda de muchos de sus paisanos. Con cuatro canastas de baloncesto en las esquinas, metáfora de este crecimiento ahora frenado en seco, este improvisado templo se llenó de jóvenes. Brenes ha perdido a cuatro de ellos, pero nunca se vio a tanta juventud congregada. Casi todos llorando, muchos vestidos de negro. Abrazados para mitigar la impotencia y la incredulidad.

Al funeral asistió una representación del Aznalcázar, cuyo equipo de juveniles debería jugar esta tarde un partido contra el Brenes que obviamente se ha suspendido. Antonio Manuel, Reino para sus amigos, el más joven de los cuatro fallecidos, jugaba en ese equipo. "De lateral derecho o en la izquierda, con tal de jugar", dice Félix Vázquez, su entrenador, guardia civil de profesión. "Hay que subir como sea para dedicarle el ascenso", dicen casi al alimón Guille y Juanfran, amigos del fallecido y compañeros de equipo.

"Nosotros nunca vamos a Sevilla por esa carretera", dice uno de ellos. Su entrenador destaca la personalidad del lateral que murió como Juanito, Cunningham o Rommel Fernández. "Era un chaval estupendo. Trabajaba, estudiaba y jugaba al fútbol".

El cortejo fúnebre iba por la Avenida de Sevilla hacia el cementerio. La vida sigue y en los Salones El Juncal, frente al pabellón, preparaban las celebraciones. ¿Hay bodas o comuniones? "Las dos cosas", dice un empleado. Brenes laborioso. Junto al pabellón hay una chatarrería, una ferretería, una cristalería y la carpintería La Cigüeña, que se llama igual que la urbanización y la torre donde antes y después del funeral se veía sobre el nido a la cigüeña a la que tantas cosas deben su nombre. "Por esa torre soltaban los humos de lo que sacaban de la huerta de naranjos agrios. Todo tiene su misterio. Los antiguos no eran tan tontos", dice un hombre mientras cierra la puerta de su casa para irse al entierro.

La hermana de uno de ellos era catequista en la parroquia del Rosario. "Las familias son muy sambeniteras, devotos de San Benito", dice el párroco de Brenes.

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