¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Julio Iglesias y la motosierra
Granada-Betis | La crónica
Un magro empate, de sabor ciertamente amargo, se trae el Betis de su cercana excursión a Granada, lo que lo atornilla en la mitad de la tabla después de haber sumado dos de los últimos nueve puntos en juego, cinco de los últimos quince. No le bastó al equipo de verde la poderosa irrupción de Assane Diao, su mejor hombre sobre la hierba hasta que su tierno cuerpo de 18 años dijo basta. No aprovechó el Betis que un zurdazo de su diamante lo encauzó todo en el minuto 51 y que dejó al Granada grogui durante un puñado de minutos.
Ahí pudieron sentenciar Isco con un tiro que sacó el portero André Ferreira (58’) y Ayoze con un tiro cruzado en un córner estratégico entre Isco y Guardado (65’), pero lo que sobrevino poco después fue la enésima penetración de Bryan Zaragoza por el costado derecho y el remate a quemarropa de Lucas Boyé para restablecer las tablas (68’), ya inamovibles a pesar de las entradas de William Carvalho y de Borja Iglesias.
Hace dos años, en un encuentro de similar guion, todo lo zanjó una prodigiosa carrera de Sergio Canales, que fue dejando rivales atrás por el carril del 10 hasta cruzar un soberbio tiro raso al palo contrario. Esta vez no estaba el mágico centrocampista cántabro para arreglarle el partido a su Betis, como tampoco otros que solían solucionar algún que otro rompecabezas saliendo desde el banquillo, Joaquín Sánchez y Juanmi. En ese último cuarto de partido, cuando el desgaste aflora y se abren los espacios, al Betis le faltó colmillo para ajusticiar a un rival muy desnudo atrás y que, urgido por la carestía de puntos, había convertido el partido en una ruleta rusa.
En el fragor de ese desmañado intercambio de golpes, estuvo más cerca el Granada de llevarse todo el botín. Porque Abner jamás fue capaz de sujetar al pequeño y habilidosísimo Bryan Zaragoza, una máquina de servir caramelos al área. Lucas Boyé, un gladiador casi siempre vencedor ante los centrales béticos, cabeceó alto en el minuto 82 con todo a favor. Y dos minutos antes, Callejón había querido batir a Claudio Bravo a contrapié tras otro servicio de Zaragoza desde la línea de fondo, pero su tiro fue blando y el chileno aguantó bien para repeler la pelota. Enfrente, el Betis tuvo una en los estertores, cuando Carvalho picó el cuero con sutileza para habilitar a Borja, que sacó un tiró cruzado muy desviado (95’).
No carbura el Betis ahora mismo. No resuelve Pellegrini la ecuación, muy condicionado por esa fragilidad atrás que se está haciendo crónica. Si a las grietas se le une que arriba falta resolución (Ayoze, un fantástico delantero, no es un goleador natural), el bloqueo es inevitable.
Saltaba al Nuevo Los Cármenes un Betis de aire teenager, con Chadi Riad por el lesionado Bartra como central en el perfil izquierdo y Assane Diao como llamativa apuesta en ese interlineado de tres que completaban Isco y Abde para que Ayoze ejerciera de atacante más adelantado.
Y ya a los seis minutos, el potentísimo cachorro de origen senegalés dibujó su primera galopada briosa, imparable para un lateral, Carlos Neva, que además no se distingue por una pesada musculatura. No resolvió bien Assane, quizás llevado por la ansiedad propia de su bisoñez. Cruzó demasiado el tiro e incluso pudo ser más aconsejable asistir al compañero de verde que aparecía por el segundo palo, pero cabía toda la indulgencia para el corpulento pipiolo, que protagonizó las acciones más destacadas de los béticos en una primera parte que fue de menos a más por parte heliopolitana.
El Granada entró mejor. Más intenso y decidido. Y explotando las facilidades que empezó a dar el Betis en el espacio entre la pareja Guido-Guardado y la línea de cuatro defensores. Le costó recomponerse al equipo verde en el repliegue cuando alguien de arriba la perdía, que en esa fase inicial fue a menudo. Isco empezó impreciso, Abde poco participativo en la banda siniestra y Ayoze no lo veía claro de espaldas a la portería, sin espacios ni balones francos. Más fluidez manaba en cuanto Assane arrancaba por la derecha, pero la partida estaba donde quería Paco López: transiciones rápidas y continuidad con las dos líneas de pase que ofrecía la pareja de delanteros, Lucas Boyé y Uzuni.
Antonio Puertas y Neva, por la izquierda, empezaron a percutir y en una de sus acometidas, Aitor Ruibal llegó tarde al corte e impactó en el tobillo de Puertas. La falta indirecta se cargó de peligro en cuanto el central Torrente cabeceó en el segundo palo hacia el corazón del área e Ignasi Miquel también ganó por arriba a su par y soltó un testarazo que puso a prueba a Claudio Bravo (17’).
Ahí se desató el equipo nazarí, que tuvo tres llegadas más en los cinco minutos siguientes. La más clara, un tirazo de Boyé a la base del poste derecho de Bravo tras deshacerse de Chadi Riad con un prodigioso control orientado junto a la cal (19’). Uzuni cabeceó a las manos del chileno luego y también Puertas obligó a lucirse al portero.
Capeó ese arreón el Betis, que se fue soltando en cuanto Isco se hizo con la pelota y Abde secundó a Assane en la misión de abrir el campo y de penetrar por fuera. Casi asiste el marroquí a su compañero en el 36 y casi marca Pezzella en un córner postrero antes del descanso.
Tras el intermedio, Assane terminó de explotar con su zurdazo tras el regalo de Torrente y parecía que lo más difícil estaba hecho, pero el actual Betis de Pellegrini titubea tanto, que ya no gana esos partidos que ganaba siempre. Por eso se ha mudado de momento a la mitad de la tabla.
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