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Javier de Haro, psicólogo, sobre los preadolescentes: "Su cuerpo manifiesta lo que él mismo no sabe o no puede expresar con palabras"

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Adolescentes / Pexels

Los niños cuando dejan la infancia atrás y se convierten en adolescentes cambian muchos aspectos de su vida. En la mayoría de las ocasiones, los padres no saben como gestionar dicho cambio. Sin embargo, el psicólogo infantil Javier de Haro ha encontrado siete señales que identifican que el preadolescente necesita ayuda. La adolescencia implica profundos cambios físicos, emocionales, cognitivos y sociales. Generalmente se sitúa entre los 12 y los 18 años, aunque puede extenderse más allá. Durante este periodo, el cuerpo se transforma debido a la pubertad, la identidad comienza a consolidarse y las relaciones sociales adquieren un papel central. No es solo una fase de “rebeldía”, como a veces se cree, sino un proceso complejo de construcción personal.

Desde la psicología del desarrollo, autores como Erik Erikson explicaron que la tarea principal del adolescente es resolver el conflicto entre identidad y confusión de roles. Es decir, necesita descubrir quién es, qué valores quiere adoptar y cuál es su lugar en el mundo. Este proceso puede generar inseguridad, cambios de humor y una búsqueda intensa de autonomía. Más adelante, investigadores como Daniel J. Siegel han destacado que el cerebro adolescente aún está en desarrollo, especialmente la corteza prefrontal, responsable del control de impulsos y la toma de decisiones. Por eso, muchas conductas que parecen desafiantes responden en realidad a un cerebro en construcción.

Según los psicólogos, tratar a los adolescentes requiere comprensión, límites claros y comunicación respetuosa. En primer lugar, es fundamental practicar la escucha activa. Esto implica prestar atención sin juzgar ni minimizar sus emociones. Frases como “eso no es importante” o “ya se te pasará” pueden hacer que se sientan incomprendidos. En cambio, validar sus sentimientos fortalece la confianza.

En segundo lugar, es importante establecer normas coherentes. Los adolescentes necesitan límites para sentirse seguros, pero estos deben explicarse y aplicarse con consistencia. La disciplina basada en el diálogo suele ser más efectiva que la imposición autoritaria. La idea no es controlar, sino guiar.

También resulta clave fomentar la autonomía progresiva. Permitirles tomar decisiones acordes a su edad les ayuda a desarrollar responsabilidad y autoestima. Equivocarse forma parte del aprendizaje; lo esencial es acompañarlos en la reflexión sobre las consecuencias. Finalmente, el afecto sigue siendo indispensable. Aunque a veces parezcan distantes, los adolescentes necesitan sentirse queridos y aceptados. El equilibrio entre cercanía emocional y respeto por su espacio personal es la base de una relación saludable.

Siete señales que indican que necesitan ayuda

Referencias bibliográficas:

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