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El método de la piedra gris: así se sigue el contacto con una persona que manipula o desestabiliza

Una de las mejores estrategias a nivel psicológico es el contacto cero, pero si nos debemos volver emocionalmente neutrales

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Persona mirando el móvil / Freepik

Muchas parejas cuando rompen optan por el contacto cero. Cada uno por su lado sin volver a tener más contacto para nada. Esta se trata de una estrategia psicológica que consiste en cortar completamente la comunicación con una persona significativa, generalmente después de una ruptura afectiva o de una relación conflictiva. Implica no llamar, no escribir, no revisar redes sociales, no preguntar por la otra persona a terceros y evitar cualquier forma de interacción directa o indirecta. Aunque a simple vista puede parecer una medida drástica, desde la psicología se entiende como una herramienta de regulación emocional y de reconstrucción personal cuando el vínculo se ha vuelto dañino o impide el bienestar.

Desde la teoría del apego, el contacto cero cobra especial relevancia. Los seres humanos desarrollamos vínculos emocionales profundos que activan sistemas neuronales relacionados con la seguridad y la supervivencia. Cuando una relación termina, el cerebro no lo procesa simplemente como una decisión racional, sino como una pérdida significativa. Se activan circuitos similares a los del dolor físico y al síndrome de abstinencia. Por eso, mantener el contacto intermitente con la expareja puede reforzar el apego y dificultar el desapego emocional. Cada mensaje o interacción funciona como un “refuerzo” que reactiva la esperanza, la nostalgia o el deseo, manteniendo vivo el vínculo psicológico.

En este sentido, el contacto cero actúa como un mecanismo de desintoxicación emocional. Al eliminar los estímulos asociados a la persona (mensajes, fotos, redes sociales), se reduce la activación constante del sistema de apego. Esto permite que el cerebro inicie un proceso de habituación y reorganización. Con el tiempo, la intensidad emocional disminuye y la persona puede empezar a reconstruir su identidad sin la constante influencia del otro. Es un proceso comparable al duelo: al principio hay dolor, ansiedad y pensamientos intrusivos, pero la distancia sostenida facilita la integración de la pérdida.

Desde la perspectiva cognitivo-conductual, el contacto cero también interrumpe patrones de conducta desadaptativos. Muchas relaciones se mantienen por dinámicas intermitentes de recompensa: discusiones seguidas de reconciliaciones intensas, distanciamientos seguidos de demostraciones afectivas. Este patrón refuerza el vínculo de forma similar a los mecanismos de adicción, donde la imprevisibilidad aumenta la dependencia emocional. Al cortar completamente el contacto, se rompe el ciclo de refuerzo y se debilita la conducta de búsqueda compulsiva del otro.

Además, el contacto cero favorece la recuperación de la autoestima. En relaciones conflictivas o desequilibradas, la identidad puede volverse dependiente de la validación externa. La persona empieza a definirse en función del vínculo: “soy quien lucha por esta relación”, “soy quien espera”, “soy quien necesita”. La ausencia de contacto obliga a reenfocar la energía en uno mismo, en los propios intereses, amistades y proyectos. Este espacio psicológico facilita la reflexión, el autoconocimiento y el fortalecimiento de límites personales.

Sin embargo, es importante señalar que el contacto cero no es una fórmula mágica ni una estrategia de manipulación para “hacer que el otro vuelva”. Cuando se utiliza con la intención de provocar celos o generar una reacción en la otra persona, pierde su función terapéutica y puede aumentar la ansiedad. Desde una visión psicológica saludable, el objetivo del contacto cero no es controlar al otro, sino recuperar el equilibrio emocional propio.

También existen casos donde el contacto cero es especialmente necesario, como en relaciones con dinámicas de abuso, manipulación o dependencia extrema. En estos contextos, cualquier tipo de interacción puede reactivar patrones dañinos o facilitar la revictimización. La distancia total funciona entonces como una medida de protección emocional y, en algunos casos, física. Permite restablecer la percepción de seguridad y reducir la influencia de conductas coercitivas.

No obstante, el contacto cero debe aplicarse con criterio. En situaciones donde existen hijos en común, responsabilidades laborales compartidas o contextos familiares inevitables, el objetivo no es eliminar todo contacto, sino transformarlo en una comunicación funcional y limitada. Aquí se habla más bien de “contacto mínimo” o “contacto gris”, donde la interacción se reduce a lo estrictamente necesario, sin implicación emocional.

Psicológicamente, el éxito del contacto cero depende de varios factores: la motivación interna, el apoyo social y la capacidad de tolerar la incomodidad inicial. Las primeras semanas suelen ser las más difíciles, ya que emergen pensamientos obsesivos, impulsos de revisar redes o idealizaciones del pasado. En esta fase, es clave comprender que estas reacciones son normales y transitorias. El cerebro está adaptándose a la ausencia de un estímulo significativo.

Sin embargo, existe un método que se llama piedra gris. Este método se utiliza cuando tienes que seguir contacto con una persona que te manipula o te desestabiliza. Así que la clave consiste en volverse emocionalmente neutral, sin explicaciones, sin reacciones, sin drama. Funciona con tres pasos claros.

Referencias bibliográficas:

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