Tales de Mileto, filósofo: "El placer supremo es obtener lo que se anhela"

El placer también se puede encontrar en el proceso y en disfrutar la etapa que se está viviendo

Si no responde es porque algo va mal. Así se vive la ansiedad relacional

Persona pensando
Persona pensando / Freepik

Los filósofos siempre han resuelto nuestras dudas existenciales en todos los ámbitos con sus frases más celebres. En esta ocasión, Tales de Mileto hace referencia al placer supremo. Este fue considerado uno de los primeros pensadores de la antigua Grecia y fundador de la escuela jónica, vivió entre los siglos VII y VI a.C. Marcó el inicio de la filosofía occidental y buscaba explicaciones racionales para comprender el mundo. Igualmente, también fue muy conocido por sus aportes de matemáticas y cosmología.

El ser humano es un deseante y puede tener necesidades básicas como el alimento o el refugio hasta otras más complejas como el reconocimiento sociales como la realización personal. Todos estos son anhelos que intentamos conseguir a lo largo de toda nuestra vida. Para este filósofo, el punto culminante del placer radica en la satisfación de los deseos. No es solo un placer sensorial, sino alcanzar que durante años se ha imaginado, esperado y perseguido. El placer supremo no es inmediato y se trata de la culminación de un proceso de aspiración.

Para este filósofo anhelar está relacionado con el valor de los deseos. Algunos surgen necesidades auténticas y profundas y otros inducidos como la comparación social o los impulsos pasajeros. Desear con sabiduría es clave para experimentar un placer más pleno y duradero. Así que se trata de una invitación a la reflexión sobre todas las metas que se tienen en la vida. La felicidad es una acumulación de bienes materiales y conquista de metas externas. Todos los deseos cuando se alcanzan son intensos y efimeros, teniendo en mente otros nuevos que nos lleve a las próximas metas.

Desde una perspectiva psicológica, el proceso de desear activa la imaginación, proyectando al individuo hacia el futuro y la un sentido al propósito que se tenga en mente. La obtención de lo que se desea satisface una carencia y valida el esfuerzo y la esperanza invertida en ella. El placer no está solo relacionado con el resultado, sino que también está asociado al camino recorrido. Así que la expectativa, la lucha y la superación de obstaculos forman parte de esa experiencia.

Desde una mirada ética, la sentencia de Tales plantea otra cuestión: ¿es correcto considerar el placer como el bien supremo? Filósofos posteriores, como los epicúreos, defenderían que el placer es el principio y fin de la vida feliz, aunque entendían el placer como ausencia de dolor y perturbación. En cambio, otros pensadores sostendrían que la virtud o la sabiduría ocupan un lugar más alto. En cualquier caso, Tales parece reconocer que la satisfacción del deseo tiene un peso fundamental en la experiencia humana.

En la actualidad, esta frase adquiere nuevos matices. Vivimos en una sociedad que estimula constantemente el deseo: publicidad, redes sociales y modelos de éxito nos incitan a anhelar cada vez más. La promesa implícita es que, al obtener aquello que se desea —un objeto, un logro, una imagen—, se alcanzará el placer supremo. Sin embargo, esta dinámica puede generar insatisfacción crónica si los deseos se multiplican sin reflexión. Así, la enseñanza de Tales podría reinterpretarse como una advertencia: el placer más alto depende de la autenticidad de nuestros anhelos.

Por otro lado, también es posible leer la frase en clave positiva y esperanzadora. Cuando el anhelo nace de una vocación profunda —como el deseo de aprender, de amar o de contribuir al bienestar de otros—, su cumplimiento puede producir una alegría que trasciende lo inmediato. En estos casos, el placer supremo no es egoísta ni superficial, sino que está vinculado al crecimiento personal y a la realización interior.

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