Una nueva investigación de la Universidad Pablo de Olavide realiza un diagnóstico sobre la soledad no deseada

Los resultados describen un perfil femenino y se identifican brechas que agravan el aislamiento

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Personas mayores
Personas mayores / Pexels

Muchas personas mayores dependientes cuentan con problemas de soledad. Así que la Universidad Pablo de Olavide ha llevado a cabo la presentación de un proyecto dirigido por Rosa María Varela en colaboración con Clece y su filial Zaintzen que tiene como princiapl función realizar un diagnóstico de la soledad no deseada en las personas mayores de 65 años que cuenten con este perfil y diseñar un proyecto de intervención orientado a acabar con ella, situando al SAD como un recurso clave para la detección y el acompañamiento.

En este estudio se llevaron a cabo 418 encuestas domiciliarias a personas dependientes que fueron entrevistadas en su mismo horgar en las zonas de San Pablo y Nervión. Después, 20 entrevistas a participantes con niveles altos de soledad no deseada, dándole un analisis cualitativo a la investigación. Se aplicó el cuestionario AURORA que mide la autonomía, las redes sociales, las relaciones significativas, la ocupación, el propósito, el riesgo de soledad y la salud emocional.

La puntuación total fue de 28,70 sobre 54, con valores más altos en mujeres con dependencia grado II. Los resultados describen un perfil femenino, un 77% frente a un 23% y la edad media en torno a los 83 años. Predominan situaciones de mayor dependencia: 60% con Grado II frente al 40% con Grado I.

El estudio identifica brechas que agravan el aislamiento: como la baja alfabetización digital —especialmente en mujeres— que limita el uso de tecnologías que podrían facilitar el contacto social, o las diferencias de género. Las mujeres tienden a verbalizar más la soledad y el aislamiento, mientras que los hombres hacen una mayor referencia a su trayectoria vital y al duelo por la pérdida del rol laboral y social. En el apartado educativo, solo el 3,73% de las mujeres tiene estudios superiores y más del 50% carece de estudios formales.

En el análisis cualitativo, la categoría más mencionada fue la salud emocional, lo que subraya el peso del componente afectivo en la vivencia de la soledad. Así, las investigadoras alertan de que la soledad no deseada se expresa principalmente como malestar emocional (tristeza, ansiedad, miedo), con predominio de polaridad negativa en el relato, mientras que lo positivo —vinculado a apoyo familiar, participación y bienestar— aparece de forma minoritaria. El informe recuerda, además, consecuencias asociadas como el incremento del 22% en el riesgo de mortalidad (con efectos más marcados en hombres) y un 16% de personas dependientes que ha sufrido algún tipo de maltrato.

Entre las conclusiones, el trabajo señala que la soledad no deseada es estructural en el perfil atendido por el SAD y que su percepción es más intensa en el caso de mujeres con dependencia Grado II. Como respuesta, propone líneas de intervención individuales y a nivel comunitario. Entre las primeras, detección sistemática con escalas normalizadas como AURORA con enfoque interseccional; intervenciones ajustadas al nivel de soledad; y formación del personal de ayuda a domicilio en acompañamiento emocional, escucha activa y comunicación empática.

Desde la comunidad, propone impulsar redes de vecindad y recursos del barrio; crear alianzas de ayuda mutua y mapas de activos; ofrecer aprendizajes adaptados con la participación de jóvenes y voluntariado; y la creación de espacios de encuentro sobre duelo, vínculos y autoestima.

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