Rotavirus: qué es, cómo afecta y cuánto dura
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Ha empezado el calendario de vacunas para el rotavirus de forma gratuita para los lactantes. Este es uno de los principales agentes causantes de gastroenteritis aguda, especialmente en lactantes y niños pequeños. Antes, era la causa más frecuente de diarrea grave en menores de cinco años en todo el mundo. Aunque hoy en día su impacto ha disminuido en muchos países gracias a la vacunación, sigue siendo un problema importante de salud pública, especialmente en regiones con acceso limitado a servicios médicos y saneamiento adecuado.
El rotavirus pertenece a la familia Reoviridae y recibe su nombre por su apariencia en forma de rueda cuando se observa al microscopio electrónico. Es un virus muy resistente que puede sobrevivir durante horas en las manos y durante días en superficies u objetos contaminados, lo que facilita su propagación. Se transmite principalmente por vía fecal-oral, es decir, cuando una persona ingiere partículas del virus presentes en alimentos, agua, objetos o manos contaminadas. También puede transmitirse a través del contacto cercano entre personas, algo común en guarderías y hogares con niños pequeños.
La infección por rotavirus afecta principalmente al intestino delgado. Una vez que el virus entra en el organismo, invade las células que recubren la mucosa intestinal, llamadas enterocitos. Estas células son responsables de absorber nutrientes y líquidos. Al destruirlas o alterar su funcionamiento, el virus provoca una mala absorción y una pérdida significativa de agua y electrolitos. Como consecuencia, aparecen los síntomas característicos de la gastroenteritis.
Los síntomas suelen comenzar de forma repentina, generalmente entre uno y tres días después del contagio. Los más frecuentes son diarrea acuosa intensa, vómitos, fiebre y dolor abdominal. La diarrea puede durar entre tres y ocho días y, en algunos casos, puede ser muy abundante. El mayor riesgo asociado a la infección por rotavirus es la deshidratación, que puede desarrollarse rápidamente, especialmente en bebés y niños pequeños. Los signos de deshidratación incluyen boca seca, llanto sin lágrimas, disminución de la orina, irritabilidad, somnolencia y, en casos graves, hundimiento de los ojos o la fontanela (la parte blanda en la cabeza de los bebés).
En adultos, la infección suele ser más leve o incluso asintomática, aunque pueden presentar síntomas similares pero menos intensos. Sin embargo, pueden actuar como portadores y transmitir el virus a niños pequeños, que son más vulnerables. En personas con el sistema inmunológico debilitado, como pacientes con enfermedades crónicas o en tratamiento inmunosupresor, la infección también puede ser más grave.
El diagnóstico del rotavirus se basa principalmente en los síntomas clínicos y puede confirmarse mediante el análisis de una muestra de heces en el laboratorio. No obstante, en muchos casos no es necesario realizar pruebas específicas, ya que el tratamiento es principalmente de apoyo y no cambia en función del agente viral exacto.
No existe un tratamiento antiviral específico contra el rotavirus. El manejo se centra en prevenir y tratar la deshidratación. La medida más importante es la rehidratación oral mediante soluciones de sales de rehidratación oral, que contienen la cantidad adecuada de agua, glucosa y electrolitos. En casos graves, cuando el niño no puede beber o presenta signos importantes de deshidratación, puede ser necesario administrar líquidos por vía intravenosa en un hospital. También se recomienda continuar con la alimentación habitual, incluida la lactancia materna, ya que ayuda a la recuperación.
La prevención es fundamental para reducir la incidencia y la gravedad de la infección. Las medidas de higiene, como el lavado frecuente de manos con agua y jabón, la limpieza y desinfección de superficies, y el manejo adecuado de alimentos y pañales, son importantes para limitar la propagación del virus. Sin embargo, debido a la alta contagiosidad del rotavirus, estas medidas por sí solas no siempre son suficientes.
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