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Parece una canción de Celtas Cortos

Retahílas

El pregón de Garrido Bustamante fue el 'último' de Borbolla y el primero tras la caída del Muro de Berlín. En el mismo escenario donde fue actor de teatro y se declaró a su mujer.

José Luis Garrido Bustamante, junto al teatro Lope de Vega donde fue pregonero el 1 de abril de 1990.
Francisco Correal, Sevilla

16 de marzo 2013 - 05:03

DIEZ días antes había sido su cumpleaños. Su mujer, Yoli (Ignacia de Loyola) Benito, le regaló un atril. Allí apoyó los folios de su pregón, que se lo había aprendido de memoria, y se puso a recitarlo delante de un espejo incorpóreo de su casa. El 1 de abril, José Luis Garrido Bustamante (Sevilla, 1933), llegó al teatro Lope de Vega. Alguien lo protegió con una almohadilla de la lluvia y entró por la puerta de los artistas.

1 de abril de 1990. Parece una canción de Celtas Cortos. Faltaba una década para el cambio del milenio, y de tantas cosas, pero ya se barruntaba el fin de ciclo. El de este periodista era el primer Pregón tras la caída del Muro de Berlín y el último antes de que en julio de ese año, con la invasión de Kuwait por las tropas de Iraq, empezara la primera guerra del Golfo. Una hora y diez minutos de gloria enun edificio de la Exposición del 29 en una Sevilla abierta en canal por las obras de la Exposición del 92. También un cambio de ciclo político. Este ritual de las vísperas lo presidía José Rodríguez de la Borbolla en una de sus últimas comparecencias como presidente de la Junta de Andalucía. En junio lo relevaría Manuel Chaves, que contra todo pronóstico aguantó en el cargo diecinueve pregones. "Borbolla es amigo mío y además hermano del Calvario".

23 años después, lo acerca al lugar del éxtasis una choferesa muy particular, su hija Esperanza, la única hembra de su estirpe, precedida por cuatro varones. Estuvo con sus hermanos entre el público. Esperanza tenía entonces 16 años. Ni podía conducir ni salir de nazarena, ya que entonces el libro de Reglas de la hermandad no permitía la salida de mujeres. Los hombres podían hacerlo a partir de esa edad.

Al pregonero, el edificio del arquitecto Vicente Traver le resultaba muy familiar. En el escenario del teatro Lope de Vega había hecho sus incursiones como actor en obras como Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre, o La hermosa gente, de Paul Saroyan, dentro del cuadro escénico del TEU. "En el Casino de la Exposición me declaré a mi mujer". Esa representación fue mucho más decisiva. Fue en una gala benéfica organizada por Radio Nacional de España a la que acudieron primeros espadas de la radio como Jesús Álvarez (que falleció en un accidente de tráfico, padre del periodista deportivo) o Matías Prats después de haber sido coautor del gol de Zarra a Inglaterra en el Mundial de Brasil 50.

El teatro Lope de Vega había permanecido cerrado por obras. Dos años y medio antes de aquel lluvioso pregón, el 12 de octubre de 1987, abrió con un pregón de silencios, los que se intercambiaban los ajedrecistas Karpov y Kasparov con el duelo de alfiles y caballos sobre el tablero. "El Lope tenía una sonoridad que no tiene el Maestranza". Sabe de lo que habla. "Un pregón es un gran programa de radio que necesita de la sonoridad de la radio. El silencio del pregón es un silencio maestrante. Que se lo pregunten a Morales Padrón". El americanista canario que dio el Pregón en el teatro Álvarez Quintero volvió al Lope cuando el Ayuntamiento le entregó la medalla de la ciudad a título póstumo. Los pregones de Rodríguez Buzón (1956) y de Morales Padrón (1986) son el orto y el ocaso del género y de los dos se ocupa Garrido Bustamente en su libro Sevilla singular (Abec editores). A uno lo sacaron a hombros, al otro no le dispensaron ni un aplauso.

"Javierre le decía que cómo le iban a aplaudir utilizando un adverbio de tiempo", bromea Garrido. "No fue justa Sevilla con Morales Padrón. Todos han bebido de sus investigaciones históricas, y es una máxima autoridad en la Sevilla del Quinientos, que es cuando se inicia la Semana Santa, cuando el marqués de Tarifa va a Tierra Santa en 1521 e instituye el primer orden procesional, las siete estaciones de intraumuros que después se amplían con siete de extramuros".

Al pregonero de 1990 sí le aplaudieron. "Las ovaciones las contó mi hijo Ángel, que estaba de meritoriaje en la cadena Ser y fue el locutor del pregón". Aquel cachorro, el segundo de sus cuatro varones (José Luis, Ángel, Javier, Antonio) es ahora director creativo de ZZJ, productora de programas de éxito de Canal Sur.

Cinco años antes, el pregonero retransmitió para toda España la salida de la Macarena en la Madrugada de la Semana Santa de 1985. Cinco años después, enero de 1995, dio en el mismo escenario el pregón del cuarto centenario de la Macarena. Todavía le paran los pasos y hay costaleros que recitan algunos versos de su pregón: "qué bien se llevan los pasos andando sobre los pies".

El 14 de noviembre hubo médicos que no hicieron huelga. En una operación de filigrana, le salvaron la vida a quien el próximo miércoles entra en el club de los octogenarios. Padre de cinco hijos, abuelo de diez nietos. Todos del Calvario. El último de la tribu, Antonio José Garrido, hijo de Antonio Garrido, el actor que compartió sobre con Loles León en los Goya y acaba de rodar una película en Isla Margarita.

La Semana Santa la abordó como pregonero, poeta, novelista, periodista y hasta ensayista en un libro, ¿El fin de las cofradías?, que le prologó el cardenal Amigo Vallejo. Además del atril y el espejo, le quedó muy agradecido a Enrique Osborne, su oráculo particular, a Pepe Sánchez Dubé y a Jorge Bernales Ballesteros, el gran cofrade peruano.

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