Cómo hemos cambiado

La carrera oficial: de los silleros a la autogestión integral y la seguridad

  • El precio de una silla en la Campana se ha incrementado un 90% en 30 años.

  • En 1996 se empiezan a instalar las vallas y comienza la reforma de las diferentes parcelas.

  • En 2018, el Consejo ingresó 3,7 millones.

Nazarenos de la Hermandad de San Bernardo discurriendo por la Campana, inicio de la carrera oficial. Nazarenos de la Hermandad de San Bernardo discurriendo por la Campana, inicio de la carrera oficial.

Nazarenos de la Hermandad de San Bernardo discurriendo por la Campana, inicio de la carrera oficial. / Antonio Pizarro

Una gestión más eficaz, propia y con obsesión por la seguridad. La carrera oficial es la misma desde que se instituyó en 1918, pero hay muchas cosas que han cambiado en los últimos años. Se han reordenado los espacios, con las grandes reformas de los Palcos, la Avenida y la Campana; y desde el año pasado se trabaja en una sustancial mejora de la calle Sierpes por motivos de seguridad. El Consejo de Cofradías, con Manuel Román como presidente, comenzó a hacerse cargo de la gestión directa de las sillas, primero a través de la empresa Arcasur, para asumir la gestión integral posteriormente, un proceso que culminó en la Semana Santa de 2017, con el actual presidente, Francisco Vélez, como tesorero. Entre medias, la institución publicó los primeros reglamentos para el correcto uso de las localidades. Hace 30 años se podían comprar asientos durante cada jornada. Hoy no es posible. Actualmente, el Consejo recibe peticiones para prácticamente duplicar el aforo.

El Domingo de Ramos de 1989 una silla para contemplar las procesiones en la tribuna de la Campana costaba 1.100 pesetas. Poco más de seis euros. Los silleros, además de gestionar los abonos, vendían las localidades para cada jornada, colocando más o menos sillas para según qué día. Un abono en la misma tribuna tiene un coste este año de 159,12 euros, 26.475 pesetas. En 20 años, este abono se ha incrementado más de un 90%. La carrera oficial es el negocio perfecto, de cuyos ingresos, que también se han multiplicado, se nutren la cofradías.

La Campana antes de la remodelación. La Campana antes de la remodelación.

La Campana antes de la remodelación. / Martín Cartaya

Para llegar a la situación actual hay que recordar varias fechas claves. En 1979 el Pleno del Ayuntamiento autoriza al Consejo la instalación y explotación de las sillas de la carrera oficial (incluidos los palcos) por 4 años previo pago de las tasas municipales. En 1983 se rubrica el primer convenio formal. En su punto séptimo hace referencia al "necesario beneficio que deben reportar los precios de palcos y sillas al mantenimiento de las cofradías". También se deja claro que corresponde al Consistorio la autorización y el control de los precios. Cuatro años después se renueva el pacto anterior.

En 1992, el presidente del Consejo, Luis Rodríguez-Caso, pide la renovación nuevamente del acuerdo y una subvención municipal para el Corpus y la Virgen de los Reyes. En 1996, el Consejo asume la instalación de vallas en la carrera. En 1998, se firma el convenio más longevo, con 10 años de vigencia.

En 1979 el Ayuntamiento autoriza al Consejo la instalación y explotación de las sillas por 4 años

Así se llega hasta el año 2000. La junta superior presidida por Manuel Román retira la explotación de la carrera oficial a los silleros para adjudicársela a la empresa de servicios Arcasur (cuyo administrador es uno de esos antiguos silleros). Fue un aldabonazo con el que se pretendía que la carrera oficial fuera una fuente de ingresos para las cofradías verdaderamente rentable. La experiencia de Román como tesorero entre los años 1996 y 2000 fue clave para adoptar esta decisión.

Las cifras demostraron que fue una buena decisión. Los silleros pagaron en el año 2000 109 millones de pesetas por la concesión. En 2001, los ingresos ascendieron hasta los 160 millones de pesetas, mientras que Arcasur recibió casi 100 por sus servicios.

En 2003 se redacta el primer reglamento de la historia de la carrera oficial. Sería un paso decisivo para que, un año más tarde, el Consejo asumiera, una vez concluida el periodo de cohabitación con Arcasur, la gestión de un negocio que movía en aquellas fechas cerca de 2,5 millones de euros. Eliminados los intermediarios, los ingresos para las cofradías subirían exponencialmente. La gestión integral, no obstante, no llegó hasta 2017, cuando el Consejo recupera el montaje, desmontaje de las sillas y la acomodación de los abonados.

Los Palcos antes de la reforma. Los Palcos antes de la reforma.

Los Palcos antes de la reforma. / Martín Cartaya

Las grandes reformas de los Palcos y la Campana se llevaron a cabo siendo Juan Ramón Cuerda arquitecto del Consejo. También estuvo cuatro años como tesorero durante el primer mandato de Manuel Román como presidente. Con Antonio Ríos se compraron las nuevas estructuras de los Palcos, más fáciles y rápidas de montar y más seguras, para lo que hubo que pedir un crédito. Hubo un leve cambio de distribución.

Más polémica fue la reforma de la Campana, acometida entre 1999 y 2000, con airadas protestas de algunos abonados el Lunes Santo. Se ampliaron y crearon nuevos pasillos y se perdieron 603 sillas de venta diaria. "El cambio más sustancial fue en la Campana porque implicó la redistribución de abonados. Se cambió el trazado, se aumentaron los pasillos, se eliminaron sillas. La Campana está prácticamente resulta, como los Palcos, la Avenida o Virgen de los Reyes. Sierpes prácticamente no se tocó. Desde entonces han aumentado los problemas de seguridad. Desde mi punto de vista es inviable", señala Cuerda.

El Consejo no asumió la gestión integral de la carrera oficial hasta el año 2017

Antes de estas grandes reformas ya se habían empezado a colocar vallas en la Avenida y la Campana, provocando también el enfado de los abonados. Las grandes reformas de la carrera oficial posibilitaron el desarrollo de una completa planimetría y del censo real de sillas y abonados, hasta ese momento el mayor secreto de los silleros.

Por la pasada Semana Santa, el Consejo ingresó casi 3,7 millones de euros.

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