Ignacio Valduérteles
Dolor, amor, hermandades
Pese a ser la única mujer del tiempo que acertaba siempre, tenía poca audiencia. Quizá porque anunciaba huracanes entre sonrisas y aparecía deprimida cuando los soles inundaban el mapa. Ella y yo nos enamoramos al inicio de aquella primavera tormentosa. Cuanto más felices éramos, más lluvia caía sobre nuestros besos. Solo brilló el sol al día siguiente de la primera pelea de enamorados. Luego, con la reconciliación, vinieron las inundaciones. Para cuando llegó el Viernes de Dolores éramos tan felices que tuve que cortar con ella
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