Retrasos

"Cuando se para el reloj, no somos conscientes de cuánto ganamos en vida y en sabiduría"

Un ensayo

04 de marzo 2026 - 09:02

Estamos constantemente luchando contra el atraso natural del tiempo humano. No crean ustedes que el Conejo Blanco, antítesis de la ilusión de Alicia en el País de las Maravillas, iba vestido de otra cosa que de diputado mayor de una cofradía de penitencia. Hemos llevado al mundo a ese tiempo sin tiempo, porque ya nadie lo tiene, nadie lo disfruta, y cuando se para el reloj, no somos conscientes de cuánto ganamos en vida y en sabiduría.

Muchas veces, cuando uno contempla un cortejo de nazarenos, te invade la ansiedad de que han de llegar a un lugar concreto a una hora determinada, y entonces el espacio del sentimiento es invadido por lo prosaico del “llegar a pesar de todo”, con lo que tiene de sevillana una espera bien condimentada, bien saboreada con manjares cuaresmales. Me hacen sufrir las cofradías con el problema de los minutos en la Carrera Oficial. Es como si el retraso, inesperado o buscado a priori, fuera el arma más afilada, la espada más aguzada, la piedra más dolorosa que pueden arrojarse las hermandades unas a las otras. Es el argumento base, el núcleo de la corteza terrestre de las relaciones entre ellas, que temen que, al más mínimo problema, se desate la erupción interna de una Junta de Gobierno o la visible caldera de la disputa entre dos corporaciones que no tienen motivos para enfrentarse que el retraso mismo.

Uno va corriendo a todas partes, y la semana pasada no llegó a esta tribuna. Y estoy seguro que no me echaron de menos, pero me dejó la espina de no cumplir con lo prometido. Ahora escribo en medio de un viaje hacia una reunión, y en los minutos de cortesía le gano tiempo a la palabra.¡Qué lucha la de no tener tiempo para ser y para estar! ¡Que no corran nunca las cofradías más que el corazón y que el recuerdo!

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