Ignacio Valduérteles
Dolor, amor, hermandades
Por encima de las cabezas de la multitud, un bosque de pantallitas reduplicaba infinitamente la imagen del Nazareno. Hasta que una voz con hechuras de profeta atravesó el silencio:
—¡Vamos a bajar los móviles!
Y se obró el milagro: los rectángulos de luz desaparecieron. Pero el Señor ya se había marchado del paso.
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