EL PALQUILLO
Estos son los cambios en la Semana Santa de Sevilla de 2026

'Pasan los Campanilleros' volvió a sonar en Molviedro veinte años después

Música

La emblemática marcha de López Farfán volvió a interpretarse tras el paso de palio de Dolores y Misericordia

El Liceo de Moguer la tocó en la esquina de Gamazo con Zaragoza, ya de recogida

La Macarena será retirada del culto el 16 de junio para labores de conservación

La siempre exigente salida del paso de palio de Dolores y Misericordia / Rafa del Barrio

Fue, sin duda, uno de los momentos más destacados de la pasada noche del Domingo de Ramos. Las manecillas del reloj sobrepasaban ligeramente las diez de la noche y la cofradía de Jesús Despojado regresaba a su capilla. La lluvia acababa de asomarse en la ciudad provocando momentos de ligera incertidumbre, ya con todos los cortejos en la calle, pero el riesgo amainó y nada se descompuso.

Con sones clásicos, como Pasa la Virgen del Refugio, el paso de misterio dejaba atrás la confluencia de Zaragoza con la calle Madrid y, remontando la cofradía y sus cientos de capirotes negros, se nos adivina el soberbio paso de palio de Dolores y Misericordia, dispuesta a abandonar la calle Castelar. Es este uno de los instantes más íntimos y propicios para acompañar, en intimidad y cercanía, a esta dolorosa, y recrearse en los bordados interiores de las Antúnez, en las piñas de los respiraderos de Cayetano... Y deleitarse, por supuesto, con su modélico repertorio musical, uno de los más equilibrados de toda la Semana Santa con variedad de autores y registros.

Por la calle Gamazo discurrió, serena y parsimoniosa, a pesar de la pertinaz llovizna que buscaba apagar la consumida candelería, y que incluso obligó a disponer de un impermeable para el manto. Instantes de altura: recogimiento, silencio, Virgen del Valle... Y La Estrella Sublime, clásicos entre los clásicos. Sin embargo, los cofrades allí presentes a buen seguro desconocían que iban a presenciar un momento que no se repetía desde hace, al menos, dos décadas. Ni más ni menos.

Tras recorrer este corazón del antiguo barrio de la pajería, y asomándose a la tan cofradiera Zaragoza, la banda de música del Liceo de Moguer comenzó a interpretar Pasan los Campanilleros, una marcha a priori habitual en cualquier repertorio que se precie y que, aunque fue objeto de la censura y del ostracismo, resurgió con fuerza como un himno absoluto e imprescindible. Aquellos ecos de otros tiempos, por más lejanos que nos resulten, han permanecido de algún modo en la superficie pero, afortunadamente, la Semana Santa siempre se sobrepone a ciertos tabúes. La legendaria marcha de Farfán, con campanitas y panderos, volvía a sonar tras Dolores y Misericordia más de veinte años después porque, al menos desde el año 2004, no se tenía constancia de su interpretación tras este decimonónico paso de palio. Una marcha clásica para un palio clásico, donde jamás está reñida la elegancia con una melodía capital y fundamental y que suena a pura Semana Santa. A puro Domingo de Ramos.

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