Todos los detalles de la procesión de impedidos de la Sacramental del Sagrario
La corporación lleva al Santísimo Sacramento a los feligreses y vecinos impedidos de su collación
Se considera la Hermandad Sacramental primitiva de todas las existentes en Sevilla
Como cada domingo posterior a Resurrección, esto es, el segundo domingo de Pascua (Dominica in Albis) la Archicofradía Sacramental del Sagrario prepara y realiza su inmemorial procesión de impedidos por las calles de la feligresía de su parroquia, una de las más antiguas de toda la ciudad. Esta hermandad, fundada según la tradición en 1511 por Doña Teresa Enríquez (impulsora esencial de la devoción al Santísimo en Sevilla) dispone un cortejo cargado de simbolismo litúrgico para materializar un fin esencial: acercar la Sagrada Forma a los fieles y vecinos que, por diferentes circunstancias, se encuentran impedidos en sus casas.
Tras la celebración de la misa de las diez de la mañana, los niños carráncanos (los que “arrancan” la procesión) abrirán este cortejo. Portan una particular indumentaria: sobrepantalones, alba grande hasta las rodillas y un roquete blanco con lazo rojo. Además, en la cabeza portan una especie de caso que, se cree, se colocó en el siglo XVII para proteger a estos niños de la cera de las velas. Estos niños, en general, pertenecen a cofradías cercanas y vinculadas a la Sacramental del Sagrario. Los carráncanos, aunque pertenecen exclusivamente a la corporación, participan de manera directa en todas las actividades que organiza el Cabildo Catedral, como el Corpus o la Virgen de los Reyes.
Posteriormente, de chaqué, sus hermanos, acompañados por las representaciones de las diferentes hermandades pertenecientes a esta feligresía, como Jesús Despojado, Los Estudiantes, El Baratillo o Las Aguas, así como hermandades de gloria: Guadalupe de San Buenaventura y la Pura y Limpia del Postigo.
Bajo palio, el Santísimo Sacramento, portado por D. Manuel Cotrino, párroco del Sagrario. Cierran la comitiva las autoridades invitadas y una banda de música, que interpreta composiciones de corte litúrgico y festivo. Es una ocasión ineludible para reencontrarse con la pureza de la Pascua sevillana, alejada de masificaciones y decorados. Es la raíz de la religiosidad popular y su vinculación con el Santísimo.
El recorrido previsto es el siguiente: Puerta de los Palos, Plaza de la Virgen de los Reyes, Plaza del Triunfo, Miguel Mañara, Plaza de la Contratación, San Gregorio, Puerta Jerez, Avenida de la Constitución, Miguel Mañara (arco), Plaza del Triunfo, Plaza Virgen de los Reyes, Don Remondo, Cardenal Sanz y Forés, Abades, Segovias, Argote de Molina, Placentines, Cardenal Amigo Vallejo, Plaza Virgen de los Reyes y Puerta de los Palos. La entrada está fijada en torno a las 12:15 y a su término se celebrará Bendición y Reserva.
La Sacramental y su historia
Sus Reglas conocidas más antiguas se aprueban el 21 de mayo de 1589, pero está considerada la hermandad sacramental primitiva de la ciudad. Entre algunas de las curiosidades que envuelven a esta corporación, destaca que en 1615 acordó mediante voto solemne celebrar anualmente una fiesta a la Inmaculada Concepción, siendo el primer acuerdo de carácter concepcionista formulado en Sevilla. Además, se encuentra incorporada en la hermandad del mismo título de la iglesia de Santa María sobre la Minerva del Orden de Predicadores de la ciudad de Roma, en la Pía Unión del Sagrado Corazón de Jesús y en la Orden de los Monjes Cartujos. Además, dos papas han formado parte de la nómina de hermanos: León XII y San Juan XXIII, quien le concede el título de pontificia.
Posee un patrimonio artístico digno de ocupar un espacio expositivo y museístico de primer nivel. El Niño Jesús de Montañés (1606) es pieza emblemática, cuya cabeza sirvió de serie para divulgar uno de los modelos más reproducidos en la estatuaria barroca hispánica. De finales del XVI y atribuida a Gaspar Núñez Delgado es la soberbia cabeza de Ecce Homo modelada en barro cocido. Además deben citarse las dos imágenes de la Inmaculada, una de principios del Setecientos del cículo de Duque Cornejo y otra de mayor tamaño de la segunda mitad de ese siglo. Un delicado Crucifijo de marfil del siglo XVI, un paño mortuorio bordado en el siglo XVIII y, por supuesto, el Simpecado o Estandarte, bordado por Patrocinio López en 1858. Posee otros dos estandartes bordados sobre terciopelo negro (s. XVIII) y celeste (s. XIX) respectivamente.
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