El 6 tiene parada en el Instituto Bécquer

calle rioja

En este instituto fundado en 1969 ya se han consolidado unas jornadas culturales que son como un Seminario de la Menéndez · Talleres de cine, de teatro, de música y tributos a Sara Mesa y Antonio Rivero Taravillo

Un momento de las jornadas en el Instituto Bécquer. / M. G.

El 15 de marzo se clausura en el Museo de Bellas Artes la exposición ‘Los Bécquer, un linaje de artistas’. Obras de su padre, de su tío, de su hermano Valeriano y de él mismo. Pero la estirpe de Bécquer, por usar la fórmula del libro de Fernando Ortiz, sigue viva, sin fecha de clausura, en el instituto que desde 1969 lleva su nombre en la calle López de Gómara, esdrújula de los libros de Historia aunque no figure en el callejero.

El 23 de febrero, para espantar fantasmas, se inició una nueva edición de las Jornadas Culturales en este centro neurálgico del barrio del Tardón. Esta calle en la que viví durante un mes hace casi medio siglo cuando vine a hacer prácticas al periódico que fundó el Cardenal Spínola. El contenido de las Jornadas se puede comparar con los Seminarios de la Universidad Menéndez Pelayo: talleres de antropología, de interpretación, de biología Genética, de Inteligencia Artificial, de cine e incluso de batería. Dos sesiones de Historia: la de Triana, impartida por el profesor José María Miura, y la Historia del Cero, a cargo de Eugenio Manuel Fernández Aguilar. Del Cero a Triana, o sea, del Cero al Infinito.

Una charla sobre la dialéctica campo-ciudad o una propuesta teatral relacionada con la historia de amor de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. Un recital poético de Victoria León, un acercamiento al legado de la Expo 92 y el tributo a dos creadores: la obra literaria de Sara Mesa con la presencia de la autora de ‘Un amor’ y una mesa redonda con algunos de los muchos que se cruzaron con la fértil vida cultural de Antonio Rivero Taravillo.

A los que participamos en la mesa redonda sobre la Expo, un certamen de finales del siglo XX para alumnos nacidos en el siglo XXI, nos regalaron un ejemplar del libro de José María Jurado García-Posada ‘Bécquer 1862’, con el atractivo subtítulo de ‘Un paseo literario por Sevilla’.

En cierta forma, el homenaje a Antonio Rivero Taravillo fue un paseo literario. Cogí el 6 de Tussam en Barqueta y en el autobús coincidí con alguien que también se dirigía al instituto Bécquer: el poeta, arquitecto y ex concejal de Urbanismo Paco Barrionuevo. El 6 tiene parada en la puerta del instituto. En la entrada coincidimos con Teresa Merino, compañera más que viuda de Antonio, cómplice de tantas aventuras de quien fue, en palabras de alguien, “un todoterreno de las letras”. Barrionuevo conoció a Antonio en un Taller de Escritura y le regaló a Teresa poemas que fue escribiendo a lo largo de esos encuentros en los que fueron cambiando de sede.

Teresa no tuvo que preguntar por la dirección del Bécquer. Trabajó de profesora “sólo durante 27 días, hasta que a Antonio le diagnosticaron el cáncer”. Entre los alumnos, algunos profesores, como Chelo Padilla, que enseñó en el Bécquer durante 46 años. Fran G. Matute moderó la mesa redonda e invitó a los participantes a que evocaran su primer encuentro con Rivero Taravillo. Luis Sánchez Moliní, compañero de este rotativo, lo conoció en el hotel Los Lebreros pidiéndole trabajo. Con el tiempo, le encargaría a Antonio algún texto para la revista Mercurio. Juan Lamillar lo verá por primera vez en una lectura poética de María Victoria Atencia. Miguel Polaino-Orts es uno de los sevillanos que más veces ha viajado a México. Cuando lo hace, se pasa por la tumba de Luis Cernuda, cuya biografía escribió Rivero Taravillo. “Cada vez que iba a viajar, Antonio siempre me hacía algún encargo”. Con el tiempo, este profesor de Derecho descubriría que su abuelo y el de Rivero Taravillo habían sido amigos íntimos.

El moderador Matute lo retrató por primera vez “declamando el ‘Ulises’ de Joyce en la terraza de la Casa de la Provincia”. Los tiempos en los que el catedrático Francisco García Tortosa lideró la celebración del bloomsday que tras las lecturas terminaba con un ágape cervecero en el Flaherty de la calle Alemanes. Dicen que con la poesía se sentía muy libre, que la novela le imponía más. Publicó la titulada ‘1922’, el año que aparece el ‘Ulises’ de Joyce. Quedan muchos inéditos, “más que Bolaño”, bromea Moliní, incluidos un libro de viajes y un diario de los años 24-25, los últimos que vivió. Reivindicó al Antonio periodista, el oficio del que vivía Bécquer, el patrono del instituto.

Rivero Taravillo apostó por Irene Vallejo cuando era una joven autora desconocida

El alumnado conoció mejor a ese tipo inquieto, renacentista, biógrafo de las tres C (Cernuda, Cirlot, Cunqueiro), traductor, poeta, librero en una librería inglesa de Nervión y después en La Casa del Libro. Entre el público había personas que pasaron por sus talleres y el testimonio de Juan Manzano, proveedor en su época de librero y editor. “En 2006 fuimos juntos a la feria del Libro de Guadalajara, que estaba dedicada a Andalucía. Llenamos dos aviones. Estabas en una cena y veías en una mesa a García Márquez, en otra a Saramago”. En la época en la que coincidieron en la editorial Paréntesis, recuerda que Antonio apostó por una chica que publicaba artículos en el Heraldo de Aragón. Le editó el primer libro, ‘La luz sepultada’. No la conocía nadie. Se llama Irene Vallejo. Ahora la conoce todo el mundo gracias a ‘El infinito en un junco’. Del Cero al Infinito pasando por Triana y el Tardón, barrio de artistas donde los haya.

El IES Bécquer tiene de director a Juan Manuel Prieto. Está junto a la calle Vincent van Gogh. Un coetáneo de Bécquer, girasoles y golondrinas, de vida tan corta y huella tan larga como el poeta de la Venta de los Gatos. El recuerdo del legado de la Expo fue un viaje en el tiempo. José Miguel Carrasco recordó las músicas, los conciertos de la plaza Sony en el año que se murió Camarón. Pepe Álvarez consideró este viaje capicúa de Sevilla del 29 al 92 como una raya en el agua. Hoy sería impensable un paseo de los pabellones autonómicos o una convivencia de los países americanos. El mundo es muy diferente. España también. Coincidió con la guerra de los Balcanes. Yugoslavia fue expulsada de la Expo. Y de la Eurocopa de Suecia. La sustituyó Dinamarca. Sus futbolistas estaban en la playa y la ganaron. El Betis estaba en Segunda. El Barcelona ganó la Copa de Europa a la Sampdoria de Génova, la patria de Cristóbal Colón. Esas golondrinas ya no volverán.

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