"Aprendí español traficando armas y poesía en Barcelona"
los invisibles
Rachid Boudjedra. Su particular fundación Tres Culturas es la de sus idiomas: el francés en el que empezó a escribir, el árabe que estaba prohibido, el español que aprendió en 1961
APRENDIÓ español en la Barcelona del boom. Rachid Boudjedra (Ain Beida, Argelia) es novelista y cineasta y ha tenido un encuentro en Sevilla con los lectores de su novela El caracol obstinado, muchos años prohibida.
-¿Por qué empieza a escribir en francés?
-La lengua árabe estaba prohibida en Argelia durante la colonización. Sólo las familias ricas o burguesas como la mía pudimos aprender árabe. Había problemas tremendos con la censura, me fui a París a estudiar en la Sorbona y me llevé mi primera novela, El repudio.
-En 2015 se cumplen 40 años de la Marcha Verde. En el Sahara colisionan intereses de Argelia y Marruecos. ¿Cómo lo vio?
-El del Sahara es un conflicto estúpido. No hay conflicto entre los pueblos, hay matrimonios de argelinos y marroquíes, sobre todo en la frontera. Tengo una hija casada en Marruecos. El conflicto es entre estados y gobernantes.
-En plena Expo del 92 se conoció el asesinato del presidente argelino Boudiaf...
-Era un tipo fantástico, con una trayectoria limpia. Estaba amenazado por los islamistas.
-¿Dónde aprendió español?
-En Barcelona. Viví en España en 1961 y 1962, traficando armas y poesías. Era delegado del Frente de Liberación Nacional.
-Eran los años del 'boom'...
-En Barcelona conocí a Vargas Llosa, a García Márquez y a Gabriel Celaya, el de Pido la paz y la palabra.
-Juan Goytisolo sale en la revista 'Mercurio' paseando por las calles de Marraquech. ¿Hay algún 'goytisolo' argelino?
-No, porque allí hemos vivido siglo y medio de colonización francesa. Pero Orán es una ciudad española, donde la gente no se va a la cama hasta las tres de la mañana. Cuando estoy triste y estresado, me voy a Orán. En aquellos años de Barcelona también conocí a los hermanos Goytisolo. Señas de identidad me impresionó. Una novela muy moderna.
-Usted sufrió la amenaza del islamismo. ¿Cómo ve la situación en esos países?
-Todos los episodios que ahora vemos del Estado Islámico ya los padecimos en Argelia. Las decapitaciones, los asesinatos. Argelia fue el laboratorio donde experimentaron este terror. Fueron diez años que en mi país se conocen como los años de la sangre, con doscientas mil víctimas. Nadie hablaba de nosotros y ahora franceses y norteamericanos piden nuestra ayuda.
-¿Hay un Magreb unido?
-Argelia es muy rica. Tiene cuatro veces el PIB de Marruecos. En los dos países hay una sociedad civil que funciona muy bien.
-¿La sombra de Albert Camus es alargada?
-Camus no es ni francés ni argelino, era un pied noir. Un escritor inmenso, pero no es argelino, y además se posicionó contra la guerra de liberación. A pesar de que toda su obra, incluida El extranjero, parte de Argelia.
-¿Cómo son las relaciones con el vecino titular del pabellón donde han leído su obra?
-No hay relaciones entre los países árabes. A mí me invitan más a Europa o a Estados Unidos. El árabe magrebí tiene el complejo del colonizado. Le interesa más ir a París o a Madrid que a Rabat o a Casablanca.
-Vivió en Barcelona, estudió en París. ¿Qué espera de Europa?
-De los países del sur, mucho. De los desarrollados, muy poco. España es tranquila, no hace guerras, pero hay soldados de Francia en todo el mundo. Ben Ali, el dictador tunecino, fue un destacado alumno de la CIA.
-¿Vivió el éxito de la película 'La batalla de Argel' de Pontecorvo?
-Estaba allí cuando se rodó. Como guionista, he ido con películas mías a Cannes y a Berlín.
-Su compatriota Zidane entrena al Castilla y es modelo de H&M.
-Va mucho por Argelia. Hay mucha afición al fútbol. En el Mundial de España le ganamos a Alemania y en Brasil fuimos los únicos que le plantamos cara a los campeones.
-¿Qué queda en su país del Cervantes que escribió 'Los baños de Argel'?
-Hace poco hubo un encuentro sobre su obra en Argel. La gruta en la que estuvo preso es un lugar muy visitado.
-¿La primavera árabe terminó en un mal otoño?
-Y puede acabar en un peor invierno. Me temo que Túnez va a pasar por lo que pasó Argelia. Voy a menudo, tengo casa en Túnez. Se han cargado el turismo. Fue el primer país en el que los jóvenes salieron a la calle pidiendo libertad, palabra que no quiere decir nada si no hay trabajo.
-¿Algún atisbo de optimismo?
-El Oriente Medio está enfermo. En todos los países se encuentra una solución peor a la enfermedad que pretenden curar: en Iraq, en Libia, en Egipto, en Siria. El mundo va muy mal.
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