La aldaba
Carlos Navarro Antolín
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El señor de sevilla vuelve a su templo Uno de los cofrades más longevos portará las andas en el regreso a la basílica
"Hasta que llegue ese feliz momento, recibe un fuerte abrazo en El Señor del Gran Poder y Su Madre Santísima del Mayor Dolor y Traspaso". Ese feliz momento ha llegado y ocurrirá esta tarde en torno a las ocho y cuarto. Convocado por Enrique Esquivias de la Cruz, hermano mayor del Gran Poder y autor de la misiva, Miguel Pérez Jiménez, a sus 95 años, participará en el último relevo que portará las Andas del Señor en su regreso a la basílica. Este sevillano del año 13, uno de los cofrades más antiguos -y modernos, como se verá- participará en el último relevo desde la parroquia de San Lorenzo a la basílica.
Miguel Pérez Jiménez no quiere notoriedad ni protagonismo. "Si acompaño al Señor en su regreso al templo es por devoción y ello no es noticia". "Como consecuencia de los muchos años de pertenencia a nuestra hermandad, que espero que te llene de orgullo y satisfacción, como nosotros lo estamos de ti, te ha correspondido el honor de formar parte del último relevo", le dice Enrique Esquivias al que sin duda será el hermano del Gran Poder con más edad de cuantos vivirán este momento histórico.
"Es obvio que si formo parte del relevo en el último tramo es porque el Señor me ha concedido llegar a mi edad en condiciones físicas para hacer este pequeño sacrificio", decía ayer Miguel Pérez Jiménez en su despacho de Cerco (Centro de Radiología Computarizada), en el antiguo pabellón de la Cruz Roja de la Expo 92. Una empresa de la que fue uno de sus fundadores el 27 de septiembre de 1977.
Nació el día de los enamorados del año 13. Tenía 16 años cuando se celebró la Exposición de 1929. La guerra le cogió con los estudios de Mercantil terminados. "Los cursé en la calle Mármoles. Para que vea que el Señor es grande y todo lo puede, saqué matrícula de honor en una asignatura de la que nunca me examiné y de la que no tenía ni idea. De Inglés. El profesor que nos examinó vino de Argentina, no tenía mucho tiempo y a cada uno le dio la nota media del resto de asignaturas. Y yo tenía matrícula de honor".
Nació en Olivares, hijo del médico del pueblo. A sus 95 años, todos los días acude a su despacho para alegría de sus compañeros de trabajo y para sorpresa de los que acuden a este centro donde se realizan con las técnicas más sofisticadas Diagnósticos por Imagen. "Juan Moya García, el padre de Juan Moya Sanabria, y yo somos los únicos fundadores que no éramos médicos". Otro de los socios era el oftalmólogo Jesús Montero, también buen cofrade, ya fallecido, cuyo nombre rotula el Aula Inteligente y su legado profesional se aprecia en once consultas oftalmológicas.
La Guerra Civil es el periodo más traumático en el que interrumpió su relación con la hermandad. "Estuve en los frentes del norte, del centro y del sur y terminé la guerra en Valencia. Tengo muchas anécdotas, unas escritas, otras no". En 1939 volvió a salir de nazareno. Terminada la contienda, lo tuvo muy claro. "Tenía la carrera de Mercantil, pero la guerra europea estaba tan próxima que pensé que si volvía a mi trabajo me iban a mandar otra vez a filas. ¿Qué podía hacer? Hacerme militar". Estuvo muchos años en Capitanía hasta que se jubiló como coronel. "Todos mis compañeros que al jubilarse no se buscaron otro trabajo están muertos". Sigue al pie de la letra una décima sobre la salud del doctor Letamendi, médico y pintor: "Poco encierro, mucho trato y continua ocupación".
Lo ha cumplido al pie de la letra. Con Luis Orellana fundó el precedente de Previsión Española. El hombre que a sus 95 años hoy portará su parte alicuota del Señor de Sevilla siempre ha sido amigo de escribir. "En la guerra mandaba crónicas desde los diferentes frentes con seudónimo a los periódicos". Su última obra la ha titulado Calendario de Transacción 2008, un volumen en el que documenta las incidencias del traslado de la empresa que fundó desde la Ronda de Capuchinos a la Cartuja, a este edificio Da Vinci lleno de imágenes con el legado de Leonardo.
Sin nostalgia ninguna, habla con propiedad de euros, ordenadores y siente más afinidad con la Expo 92 que con la del 29. Quizás por ser pariente de Manuel Olivencia, quien fue su primer comisario. Empresario del Diagnóstico en Imágenes, donde en la misma trabajadera van el cardiólogo y el radiólogo, hoy se encontrará con la imagen que le dio sentido a su vida y que le hará el regalo de este aliento postrero hasta la basílica.
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