El Día de Todos los Santos en Sevilla: miles de personas reviven a sus difuntos en San Fernando

1 de noviembre

Ciudadanos de todas las edades y condiciones perpetúan la tradición y vuelven a llenar el cementerio para honrar a sus seres queridos

Los temporales hacen desaparecer los nardos de algunas floristerías e incrementan el precio de flores como la margarita, aunque la más cara sigue siendo la rosa

Las imágenes del Día de Todos los Santos en Sevilla

"La sociedad le da cada vez más la espalda a la muerte"

Una mujer se recuesta sobre la tumba de un ser querido, este miércoles en Sevilla.
Una mujer se recuesta sobre la tumba de un ser querido, este miércoles en Sevilla. / Juan Carlos Muñoz

Miles y miles de personas han visitado este miércoles las miles y miles de lápidas, tumbas, nichos y mausoleos del cementerio de San Fernando y, como cada Día de Todos los Santos, han regado de vida un espacio donde manda la muerte. La festividad y el luto, el jolgorio propio de encuentros familiares que honran a sus antepasados y el dolor íntimo e incurable de quien no olvida a quien una vez amó han vuelto a mezclarse en una jornada que, también como cada año, ha llenado el recinto que une la Ronda Urbana Norte con San Jerónimo. Hay tradiciones seculares que sobreviven a las modas pasajeras y esta, en Sevilla, es una de ellas.

Camino del cementerio de San Fernando, en el tanatorio de la SE-30, hay un árbol donde los familiares dejan mensajes a los seres queridos que se han marchado. Como el de Nico al abuelo Rafael: "Creo que te conocí 2 o 1 años, sé que yo te hacía reír y tú a mí también". O el de una firma anónima a la abuela Concha: "Sé que desde algún lugar me cuidas. Te echo de menos. Cuida también a mis niños. Te quiero". O el de Blanca a Jesús: "Creo que mamá está muy contenta de que siempre estés a su lado". O el de Juan a Carlos: "Te añoro desde que te marchaste al cielo". O, como frase universal sea cual sea la persona, el de otro anónimo a "todos los que no están": "Os echamos mucho de menos. Nos hacen mucha falta vuestras palabras, risas, abrazos, consejos... Volveremos a vernos".

En el tanatorio, en el Día de Todos los Santos, se celebraron ayer nueve ceremonias de despedida. La última era en la memoria de un hombre llamado José de la Resurrección. De eso va también esta festividad. De revivir a quienes ya no están a través del recuerdo de esta o aquella anécdota, de reunir a la familia alrededor de su tumba y montar una tertulia como si él, ella o ellos también estuviesen allí. Miles de sevillanos acudieron este miércoles al cementerio a eso, como atestiguaban la congestión de coches en la rotonda del Vacie, el autobús 10 y la lanzadera desde Ponce de León atestados de ciudadanos o el interminable trajín en las floristerías junto a la entrada del camposanto.

El capítulo ornamental sí ha sido algo distinto de la norma de los últimos años. "Los precios suben siempre por estas fechas, pero este año, por ejemplo, no hemos tenido nardos", explica Paola Barrera, de la floristería Tenorio. Es esa la flor "que más huele" y por tanto es "por la que más pregunta la gente", dice la encargada. Pero la que más se ha encarecido ("el paquete cuesta un euro más") es la margarita, que en este puesto viene de Chipiona. Los temporales de las últimas semanas han hecho estragos en los invernaderos y las floristerías lo han notado. Lo que no cambia es que la flor más cara sigue siendo la rosa, a tres euros el ejemplar. Y si es azul, a cuatro.

Las flores casi monopolizan la plazoleta de entrada. Las hay de todos los colores y muchas formas: los escudos del Sevilla y el Betis, cabezas de caballo, guitarras, números... El ramo se cobra a 15 o 20 euros. Un poco más barato sale el cartucho de castañas asadas, que también lo hay. A unos menos, un puesto de "clases de Biblia gratis". En honor a la verdad, las castañas tuvieron mucho más éxito que la Sagrada Escritura.

Ya dentro del cementerio, en el espacio donde seis pequeñas tumbas piramidales custodian las cenizas de centenares de fallecidos, una decena de peruanos dedica unos cánticos a Magali Maribel Saavedra, que falleció en 2020 por culpa del covid. "Pertenecemos a la Iglesia de Jesucrito de los Últimos Días", explica su hermana Mara. Son cristianos pero no católicos. "Nosotros creemos en Dios, en Jesús y en la Trinidad, pero no adoramos santos", responde. Pese a la aparente contradicción, van a San Fernando cada Día de Todos los Santos.

Con mucha diferencia, con muchísima, las tumbas más coloristas, floreadas y frecuentadas son las de los gitanos. La exuberancia floral es evidente y la cantidad de personas alrededor de ellas, también. Se ve en la calle Cristo de la Buena Muerte, en San Ezequiel... Las familias peregrinan enteras, desde los mayores a los más pequeños, y si hay que llevarse unas sillitas plegables porque van a estar allí un buen número de horas, se las llevan. Aquí y allá se improvisan tertulias en las que el homenaje al ser querido se simultanea con conversaciones triviales sobre el día a día, discusiones sin importancia sobre el precio del cartón de Winston (por poner un ejemplo), charlas que dejan ojos llorosos y charlas que acaban en risas.

Dos tumbas repletas de flores, este miércoles en el cementerio de San Fernando.
Dos tumbas repletas de flores, este miércoles en el cementerio de San Fernando. / Juan Carlos Muñoz

Lo que iguala a gitanos y payos es el amor y el respeto al familiar o el amigo que se fue. Por todas las calles se ve un cubo de agua para limpiar la losa (la física, la psicológica durará eternamente), una escalera para alcanzar el nicho más alto, un paño para dar el último retoque a la foto del difunto o la difunta o la mano que toca el mármol a modo de despedida. "Lo importante es traer la flor con el corazón. Si vuela por el viento, que vuele", dice una señora en el extremo norte del cementerio.

Y después están las calles donde no se ve un alma, más allá de la de quienes descansan allí para siempre. Es comprensible que no haya nadie porque el dolor debe de ser inimaginable. Son los módulos de los llamados "párvulos". Es decir, los niños y las niñas que se marcharon antes de tiempo. Las escuetas inscripciones sobre las lápidas estremecen: "Gloria al niño o a la niña... Subió al cielo a los dos días". O "a los tres días". O "a los catorce días". O "a los dos meses". Ni eso pudo disfrutar Úrsula Alejandra: falleció el día de Año Nuevo de 1993. "Subió al cielo sin conocer la vida", reza el cierre de su tumba.

Hablando de niños, en San Fernando ha habido muchos este miércoles, un indicio de que la costumbre pervivirá como mínimo unas generaciones más. El trajín de pequeños y pequeñas de la mano de sus padres o sus abuelos fue perenne durante toda la mañana y proseguía tal cual a la hora de comer. Como el almuerzo se acercaba, el tráfico sí estaba un poco más aliviado. Ya no había atasco, ni gorrillas, en la rotonda del Vacie. Y en la de entrada al cementerio ya no estaban los lectores de la Biblia. El puesto de castañas asadas, sí.

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