"El cura Diamantino no es un icono, era un enamorado de Juanita Reina"
El espárrago en Navarra. Los hoteles en Mallorca. Siguió la estela de tantos temporeros de la Sierra Sur sevillana. La mili acabó con su etapa de jornalero y en Barcelona se hizo 'jornalista'.
FUE el sindicalista más joven de España. Paco Casero le sugirió que se dejara la barba para que no se le notara la cara de niño. Antonio Sánchez Morillo (Sevilla, 1958) fue binguero y jornalero. Alma de temporero. Diamantino lo casó en Martín de la Jara, su pueblo. Carlos Cano le dedicó una canción.
-¿Quién le despierta la conciencia sindical?
-Frasquito Hornos, mi abuelo. El sobrenombre se debe a la panadería familiar. Fue alcalde en la República. Nunca fue a la escuela y me transmitió la pasión por los libros. Conoció al académico Rodríguez Marín, me hablaba del Bachiller de Osuna al que estudié cuando hice un trabajo sobre los periódicos de esa localidad.
-Osuna sería como Nueva York para la gente de su pueblo...
-Es la capital de comarca. Nosotros somos más antequeranos. Yo soy el primero de Martín de la Jara que obtuvo una beca al aprobar un examen en la Colegiata de Osuna. Mi abuelo me mandó al San Francisco de Paula, en sexto me cambian a Carmona y allí con 15 años soy uno de los líderes estudiantiles que se oponen al proceso 1001. Lo pasé muy mal, sobre todo con los profesores de Latín y Griego. De hecho, si no es por Diamantino dejo los estudios.
-¿Cuándo aparece en su vida?
-Llega de párroco a Los Corrales, a dos kilómetros de mi pueblo. El cura de Casariche se fugó con una chica y se casó; allí mandaron a don Miguel, el párroco de Martín de la Jara, y Diamantino se hizo cargo de los dos pueblos. Con él participo en la reunión de Antequera en la que se funda el Sindicato de Obreros del Campo, donde ahora echo una mano en las notas de prensa.
-¿Más jornalista que jornalero?
-Mi palmarés de jornalero fue muy breve. Me fui a trabajar a Navarra con el espárrago. Allí se iba medio pueblo. Los hombres trabajábamos en los cortijos y las mujeres en las conserveras. En la mili, en San Fernando, me diagnosticaron una hipertensión arterial y me declararon inútil total. Para mí se acabó el campo. Me fui a los hoteles a Mallorca. Un año coincidí con Diamantino.
-¿Se fue de cura?
-No. No tenía ni idea de hostelería, porque siempre se iba a la vendimia. Se colocó de mètre en Mallorca porque sabía francés.
-El latín allí le servía de poco...
-No le hacen justicia quienes quieren convertirlo en un icono. Viviendo en Barcelona, volvía de la vendimia y se quedaba en mi casa. Era un devoto de la belleza. Le gustaba la ópera, el teatro, el cine, la buena comida. No era un eremita. Lo que pasa es que renunciaba porque no disfrutaba si los demás no lo hacían. Le encantaba Juanita Reina, era un enamorado de Juanita Reina, que curiosamente se cruzó en mi vida.
-¿Le gusta la tonadilla?
-Cuando estábamos en Barcelona, mientras yo hice Ciencias de la Comunicación para mayores de 25 años después de trabajar cinco años en el bingo de la Casa Regional de Murcia y Albacete, Isabel, mi mujer, terminó Peluquería y Estética. Vino a Sevilla el año de la Expo para trabajar en el espectáculo Azabache en el que trabajaba Juanita Reina.
-¿Lo vio alguna vez?
-Ninguna. Izquierda Unida boicoteó la Expo. Sólo fui el día de Cuba y a un té con una delegación saharaui. Vine con mi mujer en Semana Santa y Luis Carlos Rejón buscaba un jefe de prensa. Viví la campaña en la que sacamos 21 diputados, más que con Anguita.
-Como Onofre Bouvila, el personaje de la novela de Eduardo Mendoza La ciudad de los prodigios, usted llega a una Exposición Universal, pero deja Barcelona...
-Sin quitarle méritos a lo que hicieron, el río y todo lo que quieras, la Expo es como una casa de nuevo rico y los Juegos Olímpicos son la casa de un rico que la cambia para nuevas funciones.
-¿Se integró en Barcelona?
-En Málaga me había sacado el carné de binguero. Un trabajo durísimo. Hay multitud de separaciones en los bingos. Con otro trabajador puse un bar musical al que iban algunos de los que serían dirigentes de la Generalitat.
-Acaba de volver de Marrakech...
-He ido a la tumba de Al-Mutamid en Aqmat, cerca de Marrakech. Te dejan un folleto que tienes que devolver, el programa de mano de la obra que se hizo en el Alcázar. Carlos Cano nos habló hace muchos años a Diamantino y a mí del viaje que en 1925 hacen Blas Infante y un amigo arabista a la tumba del rey de Sevilla.
-¿Aportó algo en su etapa de consejero de RTVA?
-Propuestas que no salieron. Una historia de Andalucía en dibujos animados, un programa de Cultura Andaluza con las facultades de Antropología de Granada y Málaga que quedó en una cosita de gastronomía y monumentos. Al director general, Eduardo Abellán, le llamé residuo del felipismo y después le ayudé a redactar en una pizzería del hotel Meliá la carta de dimisión a Chaves.
No hay comentarios