Carlos Navarro Antolín
Ese ratito diario del cura del Porvenir
Calle Rioja
DOS pilotos de la escuderíaSterling, la marca del vehículo que ya forma parte de su personalidad. Los dos han sido reputados guitarristas y desprenden una filosofía de vida que también podía llamarse así: el métodoSterling. Ésta es la historia de cómo coincidieron en esta fotografía Joselito el Colorao (Sevilla, 13-10-1924) y Paco Aguilar (Sevilla, 1-1-1949).
La víspera, el cronista salía del periódico y se cruzó por Velázquez con Antonio Molina. Este profesor de Literatura se ha incorporado al jurado que premia a los alamederos del año. Me contó que tiene un candidato para la próxima edición. Se trata de Joselito el Colorao, nombre artístico de José Ramón Colorado, un sevillano de San Bernardo que estudió en el colegio con Pepe Luis Vázquez y sale en un vídeo sobre los cantes de la Alameda tocando la guitarra para Pies de Plomo, el padre de José el de la Tomasa.
Joselito trabajaba de guarnecedor de automóviles. Tapicero de coches que al término de su jornada laboral tenía siempre a algún cantaor esperándolo para ir a cantar a cualquier pueblo. Una Bienal de la necesidad en la que figuraban El Sevillano, El Fregenal, El Aznalcóllar o el propio Pies de Plomo. "En esa época estábamos caninos, pasábamos más hambre que un caracol en un espejo", diría después Joselito. Antonio Molina lo vio en una circunstancia irrepetible. En tiempos de bonanza económica para algunos caprichos culturales, organizaron un intercambio con jóvenes escritores hispanoamericanos. Vinieron a Sevilla con los peruanos Fernando Iwasaki y Álvaro Vargas Llosa como cónsules y fueron a La Carbonería. Allí vieron tocar la guitarra a Joselito el Colorao. Les deslumbró hasta el punto de convencerlo para que viajara con ellos a Granada.
Los jóvenes valores de las letras trasatlánticas estaban concentrados en la población malagueña de Mollina. El guitarrista de San Bernardo actuó ante una audiencia muy selecta: un Nobel de Literatura, el nigeriano Wole Soyinka, otro que lo obtendría poco más tarde, José Saramago, uno que se lo merece, Juan Goytisolo, y otro que jamás lo tendrá, Mario Benedetti. El uruguayo, a diferencia de lo que cuentan de Guardiola, huía de los corrillos poéticos y sólo quería hablar de fútbol. "De pelota", especifica Molina en la jerga del compatriota de Francescoli.
Quise contrastar esta apoteosis guitarrera con el propio Joselito, que es una especie de Ironside de la Alameda. Por sus dominios pasó Paco Aguilar camino de Canal Sur, donde hace el programa Andalucía sin barreras. El antiguo componente de Amigos de Gines y de Yerbabuena no gana para premios. Ha recibido en la sede de la Sociedad Española de Neurología, "donde dio clases Ramón y Cajal", un galardón compartido con su amigo y ex ministro Bernat Soria. También ha sido distinguido por una asociación de mujeres maltratadas. En esa ocasión coincidió con Bibiana Aído, ministra de Igualdad, a la que Aguilar reconoció como la jovencísima concejala de Alcalá de los Gazules que hace años lo contrató en dos ocasiones, para la Feria y para pregonar el Carnaval.
Aparece Joselito el Colorao. Comparten tertulia cerca de la estatua de Manolo Caracol. "¿Que si conocí a Caracol?", dice el futuro alamedero del año. "Y a su padre". La víspera se habían cumplido 32 años del triunfo del Betis en la primera Copa del Rey. La del 77, el año que murió Elvis, efímero y póstumo suegro de Michael Jackson. "Actué en la final del 97", recuerda Paco Aguilar. "Yo animaba a la afición verdiblanca en el Santiago Bernabéu y Jordi LP a la del Barcelona". Un duelo entre Figo y Finidi. "Lo pasé muy mal, porque padezco demofobia".
Antonio Molina no estaba, pero es el autor intelectual de la foto. Dos de sus mejores amigos ya no están en el Gobierno, ahijados de María Zambrano, César Antonio Molina y Juan Carlos Marset. El primero, en su época de ministro de Cultura, le entregó en Ferrol el premio nacional de Traducción a dos sevillanos, José Luis Reina Palazón (alemán) y Fernando Navarro Antolín (latín).
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