Los caminos del Señor son inescrutables
Retorno. Lo que un psiquiatra, un novelista, tres catedráticos y tres viudas recordaron al viajar a Cádiz con motivo de un simposio sobre Iglesia y Constitucionalismo en el 12
LOS caminos del Señor son inescrutables. El autobús que ayer salió bien temprano desde la torre del Oro llevaba a Cádiz a una serie de viajeros camino de una ciudad donde dejaron retazos de sus vidas. Acudían al XXIII simposio de Historia de la Iglesia. La Academia de Historia Eclesiástica de Sevilla abría las puertas del Oratorio San Felipe Neri en el bicentenario de la Pepa.
Ulises Bidón Vigil de Quiñones volvía a la ciudad en la que durante siete años ejerció la psiquiatría. Al último destino de su abuelo, Rogelio Vigil de Quiñones, marbellí de cuna, héroe de Balert, uno de los últimos de Filipinas. "La casa familiar estaba frente al Oratorio". El viernes de Feria murió Purificación Vigil de Quiñones, la última de Filipinas, madre de Ulises y de José Ignacio, abogado, que acudió al simposio como cónsul de Filipinas.
Julián B. Ruiz Rivera participó en la primera mesa redonda del simposio. Burgalés de Pradoluengo, es americanista por caprichos del destino: antes fue jesuita y se doctoró en Historia de América en San Luis, Missouri. Ayer volvió a la ciudad donde fue profesor.
Aquilino Duque ambientó en Cádiz sus novelas La operación Marabú, Los consulados del más allá, Los agujeros negros, La rueda del fuego y Las máscaras furtivas. Cinco novelas, tantas como sus hijos, saga de una vida itinerante: las dos primeras nacieron en Ginebra; una hembra y un varón en Roma y el pequeño en Sevilla. "Ahora vive en Viena. Con un poco de suerte lo veo porque ha venido a Tarifa a una despedida de soltero". Otro de sus hijos vive en Filadelfia y le organizó a su padre un circuito de conferencias.
Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla, buscó en el Oratorio los ecos de su paisano, el obispo de Sigüenza, uno de los muchos clérigos que firmaron Constitución del 12. Por las calles de Cádiz, tan presentes en sus libros, paseaban los amigos catedráticos Luis Navarro García, Manuel Moreno Alonso, Javier Lasarte y José Antonio Escudero. Éste, que desmitificó la patente del consenso de la Constitución de 1978, estaba recién llegado de un curso en Bucarest, donde la gran contribución al americanismo fueron los dos goles del colombiano Falcao al portero del Athletic de Bilbao.
En el autobús de Sevilla a Cádiz viajaban tres pasajeras muy especiales. María Luisa, Pilar y Josefina son viudas y ya son fijas en estos simposios. María Luisa nació en el año 27 y enviudó de un médico que durante 45 años ejerció de ginecólogo y pediatra en Barbate. En cuanto ve las salinas, recuerda aquellos buenos tiempos. El inicio de todo y lo que vino después del romance de Mairena del Alcor: cuatro hijos, diez nietos.
Pilar es viuda de un veterinario que le transmitió la afición a la historia. En sus añorados veraneos en un pazo próximo a Santiago de Compostela, se cruzaba con frecuencia con Rouco Varela cuando el presidente de la Conferencia Episcopal y ponente de la conferencia de clausura era titular de la diócesis compostelana.
El trío lo completa Josefina. Pilar y ella nacieron en 1934, el año de la revolución de Asturias. Su padre, madrileño, y su madre, belga, se conocieron en Sevilla. Aquella pica en Flandes fue providencial. "En la guerra nos pudimos refugiar en la embajada de Bélgica y nos trasladamos a Bruselas". Josefina Jiménez Parfonry enviudó de un importador de alimentación y tiene nueve nietos.
Unos marineros de la India fotografían el Oratorio. No son esas las Indias que evocan las Cortes de Cádiz. El nutrido séquito de Rouco Varela recorre el Cádiz chirigotero y comercial. Después de las ponencias, la pitanza tuvo lugar en una casa-palacio de la calle Veedor donde en 1812 se alojó Wellington, nombrado general en jefe de las tropas hispano-británicas por las Cortes de Cádiz. Puestos a elegir británicos, Moreno Alonso prefiere a lord Holland.
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