De cónsul de Itálica a guardián del 'Guernica'
calle rioja
Referente. Una anécdota ferroviaria del ex ministro Pepe Guirao, cuya llegada al Gobierno coincidió con los relevos de Pedro Sánchez por Mariano Rajoy y Lopetegui por Zidane
El mundo era tan raro aquel mes de junio de 2018 que había hasta un Mundial de Fútbol en Rusia. En los días de esa contienda balompédica, la única batalla que los compatriotas de Napoleón ganaron en ese país, se produjo el relevo en el Ministerio de Cultura: Máximo Huerta, que ahora anda por Sevilla de promoción con la novela del premio Fernando Lara, fue relevado en el primer gabinete de Pedro Sánchez a la semana de su nombramiento. El ministro más breve de la democracia. Le sustituyó en el cargo José Guirao (1959-2022).
El nuevo ministro de Cultura y Deporte llegó en un mes en el que se hablaba mucho más de Deporte que de Cultura. Y todo ocurrió en junio de ese año. El mismo día que Mariano Rajoy abandona la Moncloa por una moción de censura, no le sirvió el Hay que roelo de la épica del Pontevedra, Zinedine Zidane abandonaba el banquillo del Madrid después de ganar tres Copas de Europa consecutivas. Las coincidencias no terminan ahí. El mismo día que Máximo Huerta, valenciano de Utiel, toma posesión de la cartera de Cultura, Julen Lopetegui es cesado como seleccionador español por el nuevo presidente de la Federación, Luis Rubiales. Todas las presidencias estrenaban nuevo inquilino. Nombró a Fernando Hierro al frente de la selección. El jugador veleño que disputó cuatro Mundiales de fútbol sólo dirigió cuatro partidos a la selección. Hasta que Rusia, la anfitriona, nos apeó del torneo.
Valga este contexto balompédico para recordar una divertida y entrañable anécdota futbolística relacionada con Pepe Guirao. Este almeriense de Pulpí se ganó enseguida a toda la prensa de Sevilla. En su lejana tierra andaluza, el paraíso de Sergio Leone, había conocido a escritores norteños que cayeron en sus encantos como Juan Goytisolo o José Ángel Valente. Compartía el aire seductor con uno de sus predecesores que vino de la mal llamada Andalucía Oriental, Bartolomé Ruiz, malagueño de Casabermejas. A Guirao lo conocimos en Itálica y le habíamos perdido la pista cuando se fue a la Corte hasta aquel encuentro en el Ave el día de la Constitución de 1994.
En algún momento debió preguntarse qué diablos pasaba en Madrid para que una veintena de periodistas de Sevilla, en día festivo tan señalado, viajáramos a la capital. Le conté los pormenores compartiendo un café en la cafetería del ferrocarril de endiablada velocidad. Íbamos todos en atuendo deportivo, con una equipación que nos daba un aspecto de albanokosovares. Nuestro Zidane o Lopetegui era José María Asprón, que había conseguido para ese puente de la Constitución y la Inmaculada un partido de fútbol de la prensa de Sevilla contra periodistas de Madrid.
Mientras el equipo visitante atravesaba Córdoba, Puertollano y Ciudad Real, el equipo local, los anfitriones, se quitaba del cartel por falta de efectivos. El entrenador del Asprón Villa mantuvo alta la moral del equipo y decidió encontrar un sparring para no viajar de vacío a la ciudad que llenó de luces el ciego Max Estrella. En la prensa deportiva había anuncios de la campaña para la presidencia del Real Madrid. Uno de los candidatos era un desconocido Florentino Pérez, constructor que había sido concejal de la UCD en el Ayuntamiento de Madrid. Su jefa de campaña era su esposa, María Ángeles Sandoval, Pitina, que cogió por teléfono la llamada de Asprón, uno de los pocos que tenían móvil porque chándal teníamos todos.
La buena mujer nos preparó un partido en el colegio de los Agustinos donde había estudiado uno de sus hijos. Recuerdo que en nuestro equipo venía Palomino, un diamante de la cantera del Betis que participó en la Copa del Rey que los juveniles entrenador por José Ángel Moreno le ganaron a la quinta del Buitre.
Ese mismo día el Madrid entrenado por Valdano perdió 0-2 contra los daneses del Odense, la ciudad de Hans Christian Andersen, que los eliminaron de la competición europea. Es muy posible que Pepe Guirao, durante sus años de estancia en Madrid, comiera alguna vez en la Taberna de Antonio Sánchez, un banderillero de Valdepeñas que no tuvo mucha fortuna en los ruedos y montó un local de tronío. Allí departimos inolvidable tertulia y pitanza con Pepe Guzmán, Paco Gil Chaparro y Pedro Carballo. Muchos clientes, además de comer, se llevaban un ejemplar del libro de Austral Historia de una taberna, de Antonio Díaz Cañabate, que incluye una frase que no la mejoran todos los tratados de Freud: "Las desgracias no entran en la taberna, los desgraciados sí".
El Madrid perdió y Florentino Pérez ganó las elecciones. Pepe Guirao acababa de ser nombrado director del Museo Reina Sofía. Su nombramiento ministerial ocurrió en pleno Mundial de Rusia. Nos encontramos en el Ave en diciembre de 1994, el año del Mundial de los Estados Unidos. Una metáfora de la guerra fría. Sólo faltaba una mesa para Karla y Smiley, las criaturas literarias de John le Carré, en la taberna de Antonio Sánchez.
Gran tipo Pepe Guirao. Desde Pulpí a Ayamonte. El cuadrante de los dos mares de Andalucía. Pasó de cónsul de Itálica a guardián del Guernica. Injusticia poética: la Liga se abre con un Almería-Real Madrid.
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